miércoles, 10 de junio de 2026
La luz invisible 💡☄️
martes, 26 de mayo de 2026
Bajo un cielo estrellado y una alfombra de flores 🌌🌷
Ellos no lo saben, no saben cómo empezó su historia un día, cómo dos corazones rotos pedían a gritos salvarse el uno al otro.
Uno de ellos se liberó tiempo atrás del personaje que había creado para sobrevivir a unos padres que no se amaban, para sobrevivir a amores vacíos que no hacían palpitar el corazón ni sentir el calor del rubio sol. A través de la lente de su cámara fotográfica capturaba miradas de amor, todo el lenguaje íntimo de dos personas que se aman. El amor existía, aunque él no lo había podido experimentar con todo su ser. Se refugiaba en la naturaleza, porque para él, su Dios, la fuente de la creación donde reside todo el amor, estaba en la naturaleza, en los atardeceres, en la lluvia, en las flores y en ese cielo estrellado que observaba cada noche de verano, perdiéndose en cada constelación.
Un día tuvo una epifanía, que le arrancó el personaje y la creencia de no ser merecedor de amor, al igual que lo fue su madre. Fue ella la que le dio la vida, la que le había visto crecer y ver cómo ese chico sensible se refugiaba en un caparazón de chico duro; la que supo reconocer en él todo ese dolor invisible que intentaba ocultar en su alma y lo roto que estaba por dentro, pues ella reconocía ese dolor familiar y no quería que su hijo fuera infeliz como ella lo había sido. Tras unas palabras, con balas de amor y verdad, dejó muerto al avatar que había acompañado la vida de su hijo. Su hijo se merecía brillar con un amor al igual que lo hacen las estrellas, que él observa.
El otro vivía encorsetado en un mundo plano de colores básicos. Nunca se sintió especial, parecía un personaje secundario; daba más vida a los demás que la propia que él experimentaba. Un día que podía haber sido monótono como lo había sido su vida hasta ahora, sintió en su interior una vibración que iba a más, como una bomba de agua que bombea con presión una tubería, pues su vida parecía como si se hubiera desarrollado en una de ellas y ahora un torrente de agua quisiera expulsar tantas emociones contenidas, liberar su autenticidad reprimida y ver por fin el sol, alejado de ese lugar solitario y oscuro. Y, como si fuera un géiser, empezó a emerger de su interior, liberando al personaje principal que era y que había sido secuestrado.
Y ante él vio cómo su vida pasada había sido como un eclipse total, y de repente podía, al fin, ver el sol, un sol brillante, y todo un espectro amplio de colores intensos y variados, más de lo que había imaginado que existían. Tenía un mundo entero que descubrir, con toda la intensidad. Y algo descubrió mientras que lo experimentaba, que él se merecía ser cuidado también. Que quería vivir una vida donde poder sentirse libre y ligero como un pájaro que vuela, pero que le esperaba un hogar, un nido con amor.
Ellos no lo saben, no saben cómo empezó su historia de dos; ellos los sintieron y un día, sin darse cuenta, todo empezó. Miradas cargadas con complicidad, cariño, deseo. Caricias como el aleteo de una mariposa se posaban sobre sus tejidos; y en las noches donde no pueden dormir, uno de ellos, como si fuera una nana, desliza sus manos bailando sobre la piel del otro. Y entonces los dos caen en un sueño en que uno exploraba todas las estrellas que habitan en el otro, mientras el otro vuela sobre el jardín perfumado y colorido explorando el tacto de esa piel que parece pétalos; puede sentir los colores. Ellos no lo saben, pero estaban creando su lenguaje íntimo del amor.
Una aventura por compartir, ver el mundo desde una nueva perspectiva, donde ser y poder ser amado. Una nueva realidad que los dos creían que no existía en ese plano, y que ahora pueden vivir; están atrapados en el halo de un amor intenso, que bombea y brilla su senda.
Ahora las estrellas que le han acompañado no le parecen tan espectaculares como lo son ahora aquella que orbita en su corazón; lo mira y tiene una luz cegadora y con tantos colores que parece una de sus estrellas favoritas, Sirio. No puede contener la emoción y se le escapa una sonrisa de felicidad, que es capturada por su cámara, que se encuentra en las manos que son ahora su tentación, la de su estrella favorita, la cual tiene un cabello que es la debilidad de él. Querría enredarse de por vida allí, bajar un poco más, como si fuera el núcleo de la Tierra, al lugar donde nacen sus pensamientos y descubrir un poco más acerca de ese chico enigmático como es el espacio infinito.
El otro sonríe tímidamente mientras sostiene la cámara; no tiene idea de hacer fotografías, pero dispara una y otra vez como le han enseñado, capturando los colores que emanan de su gran amor, cada gesto; quiere inmortalizarlo porque puede sentir cómo captura el amor que se respira, esa dulce conexión. Esa cámara que ha sido testigo de tantas historias de amor, por fin captura la historia de su dueño. El amor por fin existe. Aunque esa cámara se interponga entre ellos dos, puede sentirse ligero y amado. En este campo donde se encuentran ahora, donde parece que solo existen ellos, donde escucha cantar el agua de un arroyo, y le trae un eco de recuerdo, de cuando todo en su interior se liberó y pudo ser el protagonista principal. Se imagina mientras que lo observas cerca del arroyo mientras captura su sonrisa, que es una rana, a la que besará, y romperá la maldición esa que cree que tiene de no ser merecedor de ser amado; acabará con cualquier resquicio que quede de ese personaje que le condicionó la vida.
Las flores cubren sus cuerpos, y el sol se encuentra entre medias del camino que va de la boca del uno al otro. La felicidad se esconde aquí, en este preciso instante.
Ellos no lo saben, pero parecen dos mariposas revoloteando en un jardín frondoso, abundante, colorido. Creando una danza de atracción, en esta atmósfera donde se puede sentir el intenso impulso por el aroma que desprende cada uno, por la belleza que ahora no se esconde. Ellos no lo saben, pero uno de ellos extendió sus alas y rescató de su crisálida al otro. Y ahora, al despertar, atraviesan un jardín lleno de flores, exploran un cielo de estrellas, penetran una piel para llegar al alma y corazón de otro, atraviesan un bosque donde uno de ellos se pierde en el cabello de otro como si fuera hierba fresca. Ahí se siente seguro, siente que es el niño que le tocó ser y no pudo ser, el que se posa sobre esa hierba mientras contempla el cielo y lo fotografía, se siente en conexión total con el todo. El otro siente que por fin tiene lo que tanto anheló: un lugar seguro, donde sentirse cuidado y amado, donde es visible.
Y ahora los ves, y contagian ese amor que la vida les negó, pero que ahora ellos lo crean, lo sienten, lo viven. Porque ahora uno, si quiere ver el universo, tan solo tiene que mirar los ojos del otro, en el que se encuentran todas las galaxias y estrellas que fotografió y que observa cada verano; sabe que ha conquistado el universo, que le pertenece a él; su mirada es todo lo que desea. Mientras el otro contempla, perdiéndose entre caricias, el rostro desnudo de su amor, le parece un jardín, un campo de flores, un lugar perfecto para perderse. Mira sus ojos verdes, le recuerda a la hierba, baja por las montañas de sus pómulos para llegar al lago húmedo, donde se encuentran sus labios y donde posa los suyos, rompiendo la maldición de aquella rana que se escondía tras un caparazón, su rana Gustavo, su Gusta. Y mientras que se funde en ese beso, siente que puede volar más allá de los límites que siempre marcaron su vida, sobrevolar el cuerpo de flores que ahora es refugio. Puede observar como lunares de su cuerpo forman constelaciones donde quiere perderse aquel hombre que es su jardín de flores. Entonces cielo y tierra se juntan en una explosión de luz como si fuera una supernova. Después le sobreviene un púlsar donde todo queda suspendido mientras que ellos se aman, donde dos corazones rotos colisionan, creando uno más consolidado, que alimenta este amor.
Ellos no lo saben, no saben cómo ocurrió, pero su amor les cambió la vida; ahora vuelan juntos por el universo infinito, bajo un cielo estrellado y una alfombra de flores coloridas.
martes, 12 de mayo de 2026
Origen
Creo que todos venimos a este mundo con un mapa grabado en nuestra alma, donde reside nuestra esencia. También creo que, al igual que venimos con un mapa lleno de rutas, senderos que podemos o no transitar, hay paradas obligatorias, algunas de enseñanzas, otras de goce que nos energizan. Las primeras quizás son menos placenteras, pero serán las que nos den las herramientas y tejan una parte sustancial de nuestra personalidad. En ellas podremos mirarnos como lo que somos, desnudos, sin armaduras, puros, naturales, sin adornos. Donde ir hacia dentro, navegando por la introspección en un lago que es nuestro hogar y donde se encuentra el tesoro escondido, que un día perdimos de vista. En él se encuentra el mapa de quiénes somos, nuestra esencia. Creo que tenemos un propósito y que a lo largo de nuestra vida tenemos la misión de descubrirlo, pero para ello, tenemos que descubrinos primero a nosotros mismos. Es la manera de hallarlo, de iniciar el viaje al origen.
Creo que el juego de la vida, que puede desorientarte como una noria que da vueltas y vueltas y que a algunos pone la vida patas arriba, a otros les crea miedo, otros deciden abandonar, no quieren correr ese riesgo o se han cansado de ello y otros saben apreciarlo y lo llegan a disfrutar; la clave está en continuar, en no dejarse abatir, que aunque tu vida ruede y ruede, vayas avanzando, descubriendo la belleza que se encuentra en todas partes, a veces muy escondida; a veces es una cuestión de actitud, o de las lentes que te pongas para mirarla. Todo en la vida está para algo; lo difícil es descubrir el porqué. A veces hay respuestas que llegan con los años, pero todo está conectado. La vida es un círculo perfecto, ¿O quizás un círculo dibujado por un niño, que no es redondo del todo y que tiene imperfecciones y curvas abolladas, pero que sin duda empieza y acaba conectado?
¿Recuerdas al niño que fuiste? ¿Qué te gustaba? ¿Qué te ilusionaba? ¿Con qué disfrutabas? ¿Qué cosas hacías o decías con toda la inocencia, sin ser consciente? Ahí se encontraba tu pureza; estaba escrito en tu alma. Quizás no lo recuerdes y lo hayas olvidado. Pues como un truco de magia, parece que desaparece, pero es solo un truco. De niños admiramos a las personas que nos rodean, o aquellas cosas que hacen cantar a nuestra alma. Quizás queremos ser como ellos, quizás es solo la trampa para perdernos, y puede que en efecto sea así. Pues entonces es cuando se corrompe nuestra conexión con la esencia, cuando se efectúa el truco de magia, cuando nos olvidamos de nosotros mismos para ser quienes los otros quieren que seamos, o que vivamos lo que ellos querían vivir en su proyecto personal; a veces esto ocurre de manera inconsciente. Es el arte de moldear; nuestro entorno, junto con las personas que nos rodean, nos van moldeando, nos van alejando de nuestra ruta, o nos meten por senderos que no son nuestros, son de ellos, quizás de ese niño asustado que habita en ellos. Pero todos los caminos llevan a Roma, como dicen; el perdernos es parte del juego también. Aunque siempre sabemos hacia dónde ir, al igual que los gatos, tenemos como una especie de brújula que nos orienta el camino con un sonido que se escucha en el pecho: "bum-bum". El corazón no engaña, la mente sí, y esta última nos seduce siempre.
Nos moldean, permitimos que nos rompan, creamos con nuestra mente e ilusiones espejismos y se nos olvida las preguntas esenciales: ¿Quién soy? ¿Hacia dónde quiero ir? ¿Cuál es mi propósito? Y a ese niño su sonrisa empieza a estar atrapada por unas nubes que lo cubren todo, y a veces anuncia lluvia. A veces vienen acompañadas de tormenta, de rayos, creando las primeras heridas, las más difíciles, las que nunca se olvidan; algunas se cierran, pero sus cicatrices permanecen para recordarnos que en algún momento eso nos dolió. Dicen que hay que aprender a bailar bajo la lluvia; de igual modo, debemos aprender, conocer, aceptar nuestras heridas, el trauma que estas nos generaron. Pues nuestra manera de relacionarnos va ligada con ellas. Caminos empedrados que hacen difícil la ruta, pero que no te asusten las piedras; sé resistente como ellas.
Quizás seamos como los juegos que nos acompañaron en nuestra infancia, un rompecabezas, un puzzle, bloques de construcción, que hay que armar, construyendo algo que da sentido a quien somos. Nos rompen, nos desintegran; sin darnos cuenta, perdemos las riendas de nuestra vida, de quien somos, para transformarnos en ellos a quienes admiramos sin un criterio propio, por el mero hecho de absurdas modas o por convencernos de que es lo que necesitamos. Y entonces nos perdemos un poco más, bajamos más abajo al túnel, a un pozo que hemos ido construyendo sin darnos cuenta a lo largo de los años. Y de pronto es cuando más perdidos estamos, pero más cerca estamos de encontrarnos, de recomponer el puzzle con todas las piezas para volver a ser unidad.
Y como una secuencia, nacemos con nuestra esencia, con el mapa de rutas y entresijos; no somos conscientes de ello. Cuando empezamos a ser conscientes de quiénes somos, somos el personaje que hemos permitido que moldeen los demás; nos perdemos, nos rompemos, para llegar a la final de la secuencia, el despertar, el recordar quiénes somos, para reconstruir lo que fuimos, para volver al origen, donde residen todas las respuestas que siempre estuvieron a nuestro alcance.
Y un día, mareado por las vueltas que hemos dado en esa noria, llamada sobrevivir, cansado de la oscuridad de ese pozo en el que te encuentras, y quieres abandonar. Y dependiendo de si has sabido aprovechar los recursos de esas paradas, tanto las buenas como las malas, ya que la combinación de ellas es el impulso para poder salir de ese lugar oscuro, que no es otro que donde se ha refugiado el niño que eres, aquel que disfrutaba de ese sol que coloreaba su mundo. Es el momento de mirar hacia dentro, de rescatar al niño que fuiste, en el que está la esencia de tu vida; él es el tesoro que contiene el mapa. Para acceder tan solo necesitas abrir esa puerta acorazada; la llave siempre estuvo en ti, perdida, pero en ti. Te asustaban los monstruos que protegían ese lugar, pero fueron creados por ti mismo mediante emociones, palabras y hechos donde la fuente no eras tú, era algo ajeno a ti que te fue transmitido y lo diste por cierto. No temas, con amor desaparecen; hazles caricias, cosquillas, y verás cómo el ejército de monstruos desaparece como las nubes oscuras.
Introduces la llave con la mano temblorosa, y escuchas el clack, y algo en ti hace click, y entonces empiezas a recordar, comienzan a brotar las primeras respuestas de hacia dónde vas, quién eres, cuál es tu propósito o al menos intuyes algo. Empiezas a sentirte en sintonía con quien eres, a bailar con la vida. A recobrar las riendas de tu vida. Empiezas a mirarte de otra manera, y del mismo modo a los demás, al mundo, sin juicios.
Comprendes que, aunque de niño como de adulto admiramos a los demás, y veíamos solo una parte, quizás la que más nos interesaba o aquellas que eran más bonitas, al igual como si fuera el lado visible de la luna, sin querer ver en la vida que todo se compone de dualidad y que hay una parte no tan iluminada, ellos también son vulnerables, al igual que tú. ¿No te has replanteado que quizás todas esas cosas que te gustaban de los demás resonaban contigo porque viven dormidas en ti? Porque quizás esas personas no se den cuenta de su poder, de ese don, de esas cualidades que admiramos de ellos, pero ellos a veces no se reconocen así y tú ves esa belleza, porque estás conectando con esa frecuencia, y ellos algún día descubrirán en el mundo de las sombras aquello que les hace bellos al igual que tú.
Si algo me parece bello de la humanidad es la belleza de la vulnerabilidad, porque en ella somos realmente nosotros, podemos ver el mapa del alma de la otra persona y, si lo observas con amor, es como ver y sentir un atardecer y poder acariciar el sol, sentir gratitud con el universo, recobrar el sentido de la existencia. Descubrir quiénes somos, quiénes son los otros, mimar nuestras heridas. Aceptar la vulnerabilidad, te lleva a un viaje a las entrañas del universo, a una exaltación, frenesí, que te conecta con el todo. Y el todo parte del origen, al igual que termina allí.
Y es que en el origen están todas nuestras respuestas, de quiénes somos; porque si miras atrás y recuerdas todo aquello que el niño que fuiste y habita en ti, vivió, creó, te darás cuenta de que, de un modo u otro, has terminado trazando el camino que el dibujo, que soñó, que anheló. Que tus pasos de manera inconsciente te han llevado ahí, en este preciso momento, en que una parte de ti sonríe. Estás caminando sobre el mapa de tu alma, que de lejos parece un círculo imperfecto dibujado por el niño que fuiste. Y todo tiene conexión, sentido, y empiezas a sentir la brisa de la calma, de la paz, que va recorriendo cada uno de los canales por los que circulan tus nervios. Ya no caminas solo, caminas de la mano de ese chiquillo que fuiste; os sentís protegidos el uno con el otro.
Por mí, por todas las versiones que han coexistido en mí, por esa niña que siempre fui, a la que le debo lo que soy ahora. Porque si me encuentro perdida, sé que el camino al hogar está en ella, en ese mundo que inconscientemente dibujo para que yo lo coloreara. Y ahora sé que todas las respuestas a las preguntas que me he planteado a lo largo de mi existencia residen en lo que un día viví y olvidé; pero que estoy en vías de exploración en este viaje fascinante llamado origen.
martes, 5 de mayo de 2026
¿Dónde está el amor que embriaga el alma? 💖
¿Dónde está el amor que embriaga el alma? Aquel que te reconstruye, que es refugio, que es calidez. Que rompe como las olas del mar chocan contra las rocas y se llevan los resquicios de un antiguo yo, llenas de viejas estructuras y creencias.
Puede que ese amor no exista en este mundo gris y cotidiano, lleno de cenizas, aunque un eco de mi alma lo recuerde y quiera entregarse a arder y ser llama de este incendio de emociones provocadas por una fuerza poderosa entre tú y yo que contiene el universo y a la que llaman amor.
Nos pasamos toda nuestra vida buscando el amor, en un lado y en otro, en gente que va y viene y a veces se siente como un vidrio frío muy superficial a la hora de tocarlo e incluso de alcanzarlo. Lo buscamos en gestos pequeños que nos sacan sonrisas, como en un atardecer, el ronroneo de un gato, la lluvia al caer, un rayo de sol que intercede los vértices de nuestra piel; pequeños placeres que nos ofrece la naturaleza, toda ella llena de amor.
Pero aun así no es suficiente. Anhelamos un amor bidireccional. A veces, por querer encajar y sentirnos parte de algo, nos quedamos con lo destructivo y abusivo de un amor barato, fallándote a ti misma, conformándote con unas migajas; tú, que estás hecha de amor y este reside en ti, te has olvidado de tu amor propio. De joven deseas un amor que te rescate del amor que no te han dado otros (ni tú misma), que te sane las heridas, heridas que te toca aprender a sanar con el desamor y la madurez, que se convierte en amor por una misma. Y empiezas a entender que no eras aquel personaje, y empiezas a buscar quién eres, tu ser, tu autenticidad.
Existe la ley de la dualidad, donde todo el universo tiene dos polos opuestos o complementarios; para que exista uno, debe existir el otro; uno solo no podría existir como tal, necesita del otro. Y ambos tienen la misma raíz; solo lo manifiestan en diferentes grados. Dicho esto, aunque te des todo el amor propio, aunque te embriagues de él y lo encuentres en la naturaleza que te rodea, necesitas de otro para poder crecer; tu alma busca calmar la sed en la fuente de otro ser. Necesitas expandirte con emociones evocadas por otro ser que anhela lo mismo en ti.
¿Dónde está el amor que te eleva? Con el que no te sientes nunca sola, aunque el silencio reine. Que es ternura, entendimiento, admiración mutua. Que te hace crecer como la hierba a la luz del sol.
He llegado a pensar que tal vez el amor más profundo, el que es incondicional, es el amor de un hijo. Ese ser que crece dentro de ti, y que es una parte o prolongación más de ti; debe de serlo, puedo sentirlo, aunque no lo haya experimentado. Quizás el amor más puro de los que hay. Porque existen muchas clases de amores, y yo estoy buscando a uno en concreto para que dé resultado el anterior. Uno con el que conectar con toda la intensidad, profundidad y misterio que se encuentra en el universo, donde perderse no sea motivo de preocupación, sino de aventura.
Quizás solo exista en las historias de los libros, historias escritas por almas inquietas como la mía que, ante su desazón, proyecten ese amor que inspira a salir a buscar. Quizás solo lo experimente así. Pero dentro de mí, en lo más profundo de mi ser, sé que existe; lo puedo notar, tiene que estar escondido por alguna parte.
Me gustaría experimentar en esta vida alguna vez, aunque solo fueran 5 segundos, ese amor que te atrapa. Alguien que pueda leer mi alma, que nuestros corazones marquen el ritmo de una partitura, de nuestra canción, única en este universo.
Que pueda reconocer el tacto de sus labios, y sea la droga que me cree acción y me deje flotando en el mundo de los sueños como una nube. Que su respiración sea una danza que baila contra mi pecho. Un amor, lleno de emociones que explota como el Big Bang; nuestra historia, una galaxia; él y yo orbitando juntos, surcando el espacio como dos cometas. Que esta vez mis lágrimas sean una lluvia de estrellas formando un manto donde posarnos y, entre caricias, esparcir el polvo mágico entre nuestros cuerpos.
El amor que te embriaga el alma es un amor con luz, con sentido, con propósito; es calma, es risa, es refugio, es sanación, es ligereza, es pasión. El amor que embriaga el alma tiene de ingredientes en su receta dos seres que hablan el mismo lenguaje del alma, que entienden y saben descifrar el mapa del otro. Y es cuando todo empieza a recobrar sentido: la luz es más intensa, las sombras de la oscuridad dejan de asustarnos, los colores son más vívidos. Un amor que es realidad, que se puede tocar, experimentarlo en todos sus matices y formas.
Quizás un día lo encuentre, lo alcance; mientras tanto, sentiré en lo más profundo de mí que hay algo más, que mi alma está en constante expansión como el universo, buscando atraer y chocarse contra un cuerpo que contiene la misma inquietud, curiosidad y hambre que una servidora. Lo soñaré, lo manifestaré, y si no es en esta vida, en otra nos encontraremos, porque estamos hechos de la misma materia que el universo, de un amor embriagador.
About on!

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.



