martes, 28 de julio de 2026

Más allá de la armadura: El latido de lo auténtico

Observando, me he dado cuenta de que nuestra realidad no es real, o mejor dicho, auténtica, que damos como real algo que es pura ficción. Que nuestras relaciones con el medio que nos rodea son erróneas. Y te preguntarás por qué digo esto. Porque siento que no conectamos con la realidad, autenticidad, con lo bello de esta vida, con el núcleo de toda existencia, con nuestra esencia, porque estamos huecos, o bueno, dormidos, pero al no saberlo es como si estuviéramos vacíos por dentro. Somos como las cortezas de los árboles, que los protegen de cualquier agresión del exterior, como los caballeros medievales con una buena armadura para luchar y, lo más importante, para que no les hieran. Porque sí, tenemos una herida grande que brota de nuestro interior, que intentamos disimular, mirar para otro lado, que nos hace relacionarnos de manera errónea y llora como la savia de un troncón.

¿Y cómo vamos a despertar todo nuestro potencial? Nos han hecho creer tantas cosas, de lo que deberíamos ser y llegar, de lo que no somos. Nos han catalogado con etiquetas desde pequeños, cuando no teníamos capacidad de razonamiento para sopesar si eran correctas o no, que las dimos como válidas y crecimos en base a ellas. ¿Pero qué hay de verdad en todo lo que nos han dicho? ¿Quiénes somos realmente? ¿Aquellas opiniones, etiquetas que nuestro entorno ha volcado en nosotros, equivocadamente o no? Porque el no replantearnos nunca las cosas puede llevarnos a una desconexión con nosotros mismos, a crisis existenciales, a quedarnos encerrados en vida en una armadura que en vez de protegernos nos hace más mal que bien.

Imagínate que nunca te has planteado quién eres, que nunca te has conocido, que no sabes cuáles son tus fortalezas y tus puntos débiles, que has dado como certeras las etiquetas que el entorno te ha lanzado y, para bien o para mal, las has hecho tuyas. Pero algunas no resuenan contigo, pero están tan arraigadas en ti que constituyen tu "identidad". ¿Cómo crees que sería relacionarse con los demás? Con personas a las que les sucede lo mismo que a ti. El vínculo sería totalmente falso, viéndolo desde un punto profundo y auténtico. Podrás sentir al principio que una primavera se abre paso en ti, pero con el tiempo todo cae como las hojas en otoño. 



Porque el rol que la vida nos ha impuesto a cada uno impide que descubramos quiénes somos y, peor aún, quién es el otro. Porque el conocimiento de descubrir al otro está en el conocernos a nosotros mismos, pero si cada uno lleva una armadura o una corteza que lo envuelve, nunca llegaremos al interior del corazón de cada uno; es imposible. Cada uno verá las cosas de diferente manera a base de su experiencia o creencias, heridas, y la distorsión con la que ha crecido. Todos hemos tenido alguna vez en la vida un malentendido con alguien; tú puedes saber las razones que te han llevado a decir o actuar de tal forma, pero la otra persona lo va a interpretar de otra manera en base a lo dicho anteriormente. Entonces, llegado a ese punto, me pregunto: ¿Acaso somos demasiado individualistas o egoístas, que lo basamos todo por el filtro de nuestra experiencia, de nuestra manera de ver el mundo, en definitiva de quién somos?  ¿Dónde queda la empatía, la comprensión, el entendimiento de querer comprender lo que la otra persona realmente ha querido decir, tanto con sus palabras como con sus hechos? Evolucionemos porque sino nunca habrá un acercamiento, viviríamos en realidades paralelas dentro de una, nos alejaríamos de los demás. ¿Y puede ese dolor, reconectar con nuestro ser más profundo? Yo creo que sí, si anhelas conectar con la vida en sí, con la conexión con el todo, a no ser que quieras encerrarte en un frasco de cristal y vivir ausente, pero si lo decides es porque el dolor no te permite escuchar el impulso del amor, un corazón que pide ser rescatado para vivir experiencias que lo colmen.

Para llegar a ese punto, hace falta rescatar nuestro corazón de esa envoltura gruesa que hemos construido, de la fortaleza en la que vive. Debemos ser valientes y quitarnos la armadura y rescatar lo más sagrado que tenemos, rescatarnos a nosotros mismos. No permitirnos caer en el foso, desprendernos de ese personaje con el que hemos luchado sobreviviendo en la vida. Subir a la torre más alta, donde está el mayor tesoro, que es lo que somos, pero para ello tenemos que subir cada peldaño de esa escalera tan larga que te lleva a ese objetivo y que en un principio parece inalcanzable, pero fácil físicamente, hasta que llevas un rato y físicamente te sientes agotado y tu cabeza empieza un caos donde, por un lado, siguen esos pensamientos que te han acompañado siempre, pero por otro lado empieza a ver otro movimiento en ella en el que empiezas a replantearte qué de todo eso es real y qué no lo es. Solo los que son valientes y no tienen miedo de ver sus entrañas en la oscuridad llegan a ver la luz que se esconde en el interior.

Y como podrás adivinar, como en los cuentos de fantasía donde el caballero sube a la alta torre del castillo para rescatar a la princesa del hechizo que le retiene allí, se rompe. Y puede pasarte a ti que puedas romperte al sentirte liberado del hechizo, y que sientas que tu vida se desmorona, que estás en lo más alto, pero todo lo que hay abajo, tus cimientos, no son sólidos. Pero recuerda que te has rescatado, y que ahora tienes alas para volar y ver el mundo desde una nueva mirada, porque ahora vives conectada a tu interior. Y desde allí todo tiene una nueva perspectiva y color. Y quizás las cosas ya no duelan tanto, y hayamos hecho las paces con nuestras heridas, y seamos más humanos al entender a otros que son iguales que nosotros. Ojalá conectemos con el medio, o con alguna persona de una manera auténtica, sin capas que nos impidan vernos; ojalá sentirnos vistos, comprendidos y amados y conectar con la conexión de este universo lleno de vida.

jueves, 9 de julio de 2026

Despertar

Todo encaja cuando llegas a un estado de iluminación, pero para llegar allí hay que abrazar la densa oscuridad y las sombras del pasado. Soy consciente de que hay poca gente que pueda llegar a tal estado de frecuencia vibracional altísima. Pues para llegar allí hace falta quitarse cadenas que nos atan, las impuestas y las autoimpuestas; hay que ser más fuertes que la voz del ego, y debemos quitarnos todas las capas que nos recubren como si fuéramos cebollas. 

Es como una secuencia que hace el tarot: el diablo, que es la voz de nuestro ego, las cadenas que nos atan a él. Debemos romperlas; para eso llega la torre que lo destruye todo abruptamente; lo que había era inerte e insostenible. Con las cenizas podemos renacer y reconstruirnos en una versión mejorada de nosotros mismos. Quedamos desnudos como la siguiente carta, que es la estrella; nos hemos desprendido de todas las capas y ahora nos queda el corazón, y este sigue latiendo con esperanza, fe y optimismo. Hay una renovación de nuestro ser después de abrazar la destrucción y ahora brillamos con la luz de nuestra esencia, la nuestra propia como una estrella. Pero aun así debemos adaptarnos a la nueva etapa; la carta que le seguirá sería la luna, donde navegamos en las aguas de nuestro inconsciente para saber cuáles son los miedos que nos paralizan, cuáles son las ilusiones y sueños que nos elevan, y donde podemos canalizarlo todo con intuición y creatividad, para llegar a todo nuestro esplendor, al sol.

Es necesario hacer este viaje hacia nuestro despertar, no solo para conocernos realmente y descubrir todo nuestro potencial, sino también para obtener libertad. Creemos que somos libres del todo, pero realmente no es así. Es cierto que en otras épocas las libertades escaseaban más que hoy en día, pero aun así nos queda un camino largo que recorrer; quizás algún día la humanidad sea más libre que nunca. Mientras tanto, la única libertad que existe se encuentra dentro de nuestra mente, protegida. Pero existen tantas cadenas invisibles con tantos nombres distintos, entre ellas la manipulación, que nos condicionan nuestra vida y esta queda encerrada en una realidad falseada. Pues para hallar una libertad más real, debemos utilizar la herramienta del conocimiento; esa será nuestra llave.

El conocimiento nos hará más libres, porque el conocer, el saber cómo son las cosas realmente, sin ningún envoltorio engañoso que quiera atraparnos en sus garras por su interés para alejarnos de la libertad deseada, de la verdad; puede acercarnos a nuestra libertad individual. Y cuando accedes a todas las fuentes de conocimiento y sabiduría, obtendrás las respuestas y las riendas de hacia dónde quieres dirigirte. Quizás quieras seguir fingiendo y engañándote, pero te aseguro que ya no será lo mismo, porque ante ti ya no verás una pared gris por mucho que te empeñes; verás las cosas como son, una pared blanca con suciedad. Otra de las opciones es que, después de saber cómo son las cosas y aceptarlas sin ningún filtro que distorsione, puedas tener la opción de elección, elegir ahora con conocimiento de causa, sin imposiciones, sabiendo lo que quieres, lo que te gusta, lo que eres desde tu libertad más pura que nunca.



La elección es superimportante porque es obrar desde una libertad de decisión, porque vibra dentro de ti. A lo largo de nuestra vida normalizamos conductas, hechos y también imposiciones como creencias, sin preguntarnos el porqué. Cargamos con una mochila que no es nuestra, con unos zapatos prestados que nos hacen daño, pero que ambas cosas llevamos en silencio, aunque molestos para no decepcionar a los nuestros. Y eso no es un acto de amor para ninguna de las partes implicadas. Debemos mirar más allá y elegir qué es lo que encaja y anhelamos con nuestro ser. Porque el resentimiento que acarrea no hacerlo puede ser destructivo para nosotros mismos. Hay que diluir, separar cada sustancia, distanciarse, para poder ver las cosas como son.

Lo sentirás, cómo se expande algo dentro de ti, tan convincente, con tanta seguridad, como es el hecho de comprobar que tu vida te pertenece a ti, a como quieras vivirla, con conocimiento de causa, desde tu verdad, desde la libertad, muteando opiniones que no resuenan contigo, maneras de vivir que tampoco encajan contigo. La cima es llegar a ser feliz consigo mismo, aunque el camino haya sido empinado, dificultoso, y a medida que avanzas solitario, pero más real que nunca, auténtico. Es como una flor cuyo tallo crece entre la maleza buscando un lugar donde alcanzar el sol; una vez que encuentra su lugar, brota y de su capullo va abriéndose una flor bella y única. Sabrás cuál es tu valor y tu esencia, que envolverá en un aroma el sendero por donde pases, con tu propia voluntad.

Y entonces cada trozo de ti, cada vivencia, es como una pieza de un puzzle que al principio es caótico, pero a medida que vas conociéndote, todo va adquiriendo un orden, una estructura, y puedes ver la imagen que se va formando. Cada pieza encaja a la perfección y llegas a un estado de plenitud, de conclusión, como simboliza la última carta de tarot, El Mundo.

Lo malo y lo bueno, la oscuridad y la luz, los eternos enemigos que son amantes, el yin y el yang, todos complementarios; el uno te lleva al otro, y pasar por los dos es sintetizar todo el conocimiento en un término medio, en el punto de equilibrio.

Deseo de todo corazón que puedas llegar a encajar cada una de las piezas del puzzle que te tocó vivir, que tengas una vida de plenitud, que puedas alcanzar la cima de la montaña y hallarte con toda la autenticidad y singularidad. Que puedas obtener la llave que abre los grilletes de esas cadenas pesadas que te tienen inmovilizado y puedas despertar y llegar a la fuente de conocimiento, empaparte y ver tu hermoso reflejo iluminado en ella por la luz que brota por cada poro de tu piel. Por tus ojos, adquirir una nueva mirada del mundo y contemplar todas aquellas cosas hermosas que no se pueden ver, pero se pueden sentir. Deseo que seas libre y resiliente como las amapolas que nacen salvajes y solitarias en medio de los campos de terrenos adversos. Deseo que tus decisiones te lleven a vivir la vida que te haga alcanzar la plenitud, a tu lugar, a tu hogar, a embriagarte de amor, y que todo merezca la pena y la vida.

martes, 23 de junio de 2026

Todas las vidas soñadas

Mi vida tan única y especial, con sus circunstancias y todo lo que le envuelve. Mi vida tan material y presente. ¿Cuántas vidas caben en ella? ¿Y versiones? Mi realidad consciente es esta, pero se me ha dotado con la capacidad de crear más realidades, que quizás sean irreales porque no tengan una base material, pero resulta que la mente no distingue lo que es verdad y lo que no, y mi cuerpo procesa las emociones que me evocan como si fueran reales. 

Partimos de una que es material, que es el origen, la semilla. Esta crece, se reproduce y da muchas más vidas alternativas, irreales dentro de esta, pero reales emocionalmente. A veces la mente viaja y ahí estás recorriendo el mundo entero, en otro escenario, con otras personas. Otras, el corazón te lleva a crear otras vidas según sus necesidades y deseos, anhelando lo que la vida de raíz no tiene. 

El poder de la mente con la imaginación me lleva y me llevará a todas las vidas que no podré vivir en esta física en la que parte todo. Será mi aliada; a veces su poder me traicionará, creando escenarios indeseados que se colorarán, inmovilizando mis músculos y aumentando mi pulso y respiración, creando un bloqueo momentáneo en que no es tan fácil despertar y al cual tendré que dominar para que no me traicione. Pero la gran mayoría de veces podrá imaginar aquello que deseo experimentar; estará a mi alcance, aunque no podré ascender a un nivel superior, que es la materialización consciente, el poder tocar esa realidad como ahora toco las teclas de mi teclado y siento la suavidad de estas y la banda sonora que crean. 

La cuestión no es perderse y volverse loco, anhelando y deseando algo que quizás no puedas obtener o vivir; debe existir un cierto equilibrio entre el deseo anhelado y el raciocinio. La imaginación es una herramienta, no un arma. Con ella puedes expandir tu horizonte, con creatividad y un poco de ingenio. Mezclar conocimientos e imágenes de tu vida existente con algunas creadas expresamente por ti. Crear historias al igual que los escritores hacen en sus libros, mezclando a veces realidad con ficción. Es imaginar desde tu sofá con los ojos cerrados y la música saliendo de tus auriculares, fundiéndose en tu mente que estás en Italia, Japón, Grecia o en una isla remota bañada por unas aguas cristalinas. O quizás en un pueblo que tú creas a tu modo, como si estuvieras jugando a un videojuego. La imaginación es un mundo inmenso como es el espacio infinito, un misterio que no se detiene y no tiene fin.



Habrá momentos en la vida en que eso será nuestro mayor refugio y que en la fantasía encontremos las ganas de vivir en algo que es irreal o ficticio, pero que nos abraza con sus alas para poder escapar, sobrevivir a nuestra realidad, carente de luz, donde nos sentimos confundidos y apáticos, pero dentro de nuestro refugio lo sentimos tan real, tan auténtico, como, por ejemplo, ese tiempo de desconexión donde lees un libro y te transporta a otra época, a otra vida, donde tú eres el espectador y ves cómo interactúan las personas, y sientes todo lo que ellos sienten; es como si una parte de ti viviera ahí. A través de la observación hacia los demás o hacia el medio, es increíble cómo podemos descubrirnos y entendernos a nosotros mismos.

Quizás allí, en ese mundo que imaginamos, nos nutra de ideas para poder materializar en nuestra vida raíz. Descubrir cosas, como por ejemplo metas hacia donde ir para sentirnos más vivos que nunca. El poder de la imaginación despliega ante ti sus alas, para poder volar a cualquier sitio, sentir cualquier emoción, visualizarte y comprender también. 

A veces el caos y el estrés que tenemos en nuestra vida nos pueden llevar a querer refugiarnos en una burbuja de ensoñación; a veces solo queremos sentirnos niños de nuevo, cuando todo nos sorprendía, cuando mirábamos al mundo con fascinación y creíamos que todo estaría a nuestro alcance, pero que a medida que vamos creciendo, la desilusión y la responsabilidad hacen mella, alejándonos de nuestras ilusiones y deseos más primitivos. 

Utilicemos la imaginación para crear todas esas vidas que deseamos vivir, exploremos todos los límites, creemos magia y también refugio. Descubramos todo el potencial que tenemos dentro de nuestra mente. Estamos hechos de historias reales y ficticias que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida: canciones, libros, películas; muchas de ellas parten de ese mundo que floreció dentro de una mente inquieta y que llegó a nosotros nutriendo nuestra vida de origen. 

Existen muchas realidades, tantas como puedas imaginar, tantas como te puedan nutrir e inspirar la de los demás. Hay tanto por descubrir que no dejes de soñar, crear e imaginar, y si puedes hacerlo realidad de un modo u otro, hazlo posible; empápate de todas las sensaciones. Porque en una vida caben tantas como estrellas hay en el universo, aún por descubrir en galaxias lejanas. 

miércoles, 10 de junio de 2026

La luz invisible 💡☄️

Tiempo atrás todo era oscuro, oscuro como la noche que, al contemplarla, me daba escalofríos, y maldecía al sol por huir otro día más y apagar las luces en este lugar. Él, el astro rey, que era el motor que me hacía sentirme un poco viva, un poco yo. En astrología, el sol representa la identidad, y creo que mi propia identidad se desdibujaba con la caída de él tras el horizonte. Entonces llegaba el momento de encender las bombillas para obtener algo de luz, y me sentía un poco artificial, un actor, actuando un papel que consistía en sobrevivir y buscar algo que anhela en su interior, algo grandioso, poderoso que traiga las respuestas de quién es en verdad. Mientras tanto, me sentía totalmente perdida, necesitando luz para encontrar esas respuestas; ellas me llevarían a mi camino, mi propósito, a mi vitalidad. 

Me preguntaba: "¿Cómo voy a encontrarme, cómo me van a ver los demás sin luz y con este superpoder?" Al poder al que me refería era la invisibilidad; entre este juego de luces de la naturaleza, me sentía invisible, incomprendida. Pues solo los fantasmas de las sombras me veían y me hacían sentirme así, totalmente incomprendida, perdida y con un sentimiento de soledad. Sus sombras se apoderaban de las mías, llenándolas todas de oscuridad, llanto, cansancio... Y es curioso, pero cuando más se adueñaban de mí, se hacían más grandes; yo me sentía más pequeña, más vulnerable.  En esos tiempos odiaba en parte ese superpoder, pues conllevaba una indiferencia por parte del medio hacia mí, que me hacía trizas. Y es angustioso crecer así, no sintiéndote amada y respaldada, luchando sola en aguas turbulentas, con la esperanza de hallar un lago tranquilo con orillas a un bosque colorido y tupido donde encontrarme con mi tribu, la que hablara el mismo lenguaje que yo; sería como hallar un trozo de mí, de mi identidad.

Es curioso, pero iba avanzando como por un bosque en el que me sentí como una luciérnaga a la que querían cazar seres depredadores para que yo les iluminara su camino. En un principio pensé que era maravilloso que por fin alguien me viera y poder ser útil; con el tiempo me di cuenta de que se menguaba mi energía, entonces empecé a volar más alto, a esconderme, mi luz se apagó, y entonces la oscuridad me abrazó y fue mi refugio. Me decía a mí misma que era como una bombilla fundida, rota, que ya no podía iluminar más. Pero ante esa oscuridad que tiempo atrás me daba escalofríos, empecé a ver que no era todo negro, que las sombras estaban iluminadas, que no había una ausencia total de luz. Comprendí que no hay oscuridad si no hay luz, y que la luz también habita con la oscuridad. Hay tantas cosas que me enseñó esa travesía, en la que me sentía como pirata en un barco, cruzando un mar de tormento, intentando divisar un faro que iluminara mi trayecto para encontrar ese preciado tesoro. Entre esas aguas saladas de mis lágrimas empecé a encontrar respuestas; no era una bombilla fundida, era una bombilla sucia, con un montón de capas de polvo del tiempo, como una lámpara a la que no se le ha cuidado y empieza a acumular suciedad.




Llegué a una orilla, siendo alguien totalmente distinta a aquella criatura asustada, derrotada y perdida. Las respuestas las obtuve; habitaban dormidas en mi interior, al igual que una crisálida da a una mariposa y esta empieza a revolotear; empezaron a brotar de mí. Una luz cegadora se abría paso desde mi interior y con ella tanta sabiduría. Hay una carta en el tarot que es El Ermitaño; está representada por alguien que se aisló del mundo, que hizo un largo camino y que se encuentra por encima de las montañas; estas representan los obstáculos que ha tenido que atravesar. Tras ese largo periodo aislado donde reflexiona sobre el caos que dejó atrás, se encuentra consigo mismo en un acto llamado introspección. Encuentra su propia luz, y no necesita que nadie le ilumine el camino; él solo tiene la luz necesaria y el poder para poder continuar su vida. Hay sabiduría en su interior, fortaleza; no se siente solo. Así me sentí yo tras un tiempo de oscuridad y desconexión; todo ese caos me llevó al lugar o al estado que estaba buscando sin saber concretamente qué era esto; lo buscaba y estaba dentro de mí y nos encontramos justo en el momento indicado. En mi interior la luz lo inundaba todo; necesitaba su complementario, la oscuridad, para encontrarme con ella. Yo no sabía que existía un sol lleno de vitalidad en mí, pero supongo que mi optimismo y fortaleza para continuar eran más fuertes que las sombras y los sinsabores de la vida que me agarraban con sus cadenas. Y eso fue lo que me ayudó a atravesar montañas, mares revueltos de lágrimas, días tormentosos, noches oscuras.

Recuerdo un día donde las cadenas apretaban más; me cuestionaba entre sollozos por qué no había nadie que iluminara mi vida, que me diera luz, calor, que me ayudara a liberarme de este estado, de estas cadenas. De mi interior brotó una voz angelical que me dijo que no buscara esa luz, no la encontraría en los demás, pues esa luz estaba en mi interior; yo era como un faro de luz, no solo para mí, sino también para los demás, para quien lo necesitara, para aquellos que buscan una luz para encontrar su camino de regreso, de sentido, de pertenencia. Una luz que iluminara los días oscuros y tormentosos en los que todo carece de sentido. Yo no encontraría esa luz; sería esa luz portadora. Quizás se me lanzó mi propósito desde mi interior, pero tuve que pasar por muchas travesías y cruzar bosques para comprender aquellas palabras. Ahora tienen sentido.

Deje de ser invisible para mí y para aquellos que tienen en su mirada el deseo que yo anhelaba; sus ojos vidriosos son el tintineo de las estrellas que siempre han guiado a la humanidad. Ellos tienen el don de poder percibir lo que parece invisible u oculto bajo esta luz; es su superpoder. Solo en esas condiciones podremos vernos, y entonces desplegar aquella luz que habita en mí y, como me susurró aquella voz: "Tú eres la luz que lo iluminará a ellos como te hubiera gustado que te iluminaran a ti". Cumpliré mi cometido, ayudaré a reencontrarse con todo el potencial de energía y luz que llevan dentro de ellos y que la oscuridad envuelve. Y dejarán de sentirse como esa criatura atormentada, para convertirse en el sol que ilumine sus días, y al caer la noche, en las luciérnagas que desplieguen su luz mezclándose con los destellos de las estrellas.

Ahora lo entiendo todo: romperte para arreglarte y poder así arreglar otras vidas o ser su consuelo, de una manera que no drena la energía, sino que la amplifica. Sentirte invisible e incomprendida en este mundo o bajo ese espectro visible que nuestros ojos pueden percibir, para darte cuenta de que solo te ven aquellos que conectan con tu frecuencia, la que abre los ojos del alma y hace que pueda ver en ti tu potencial, tu esencia. Y que mi luz siempre residió en mí, y al igual que el astro rey, fue eclipsada por una dama atormentada, la luna, con emociones enmarañadas en cada cráter de su ser.

Ahora la noche convive con la oscuridad, con la luz de las estrellas y la mía propia, y me da una sensación de paz; me siento alienada con el universo. Sé que soy un faro de luz en la más alta montaña que ilumina los mares de lágrimas de alguna alma atormentada a la que guiaré, o de alguna criatura que busca refugio. Ser ese canal, o el puente alumbrado transitorio donde nace la mejor versión de ti, la que se ha enfrentado a las sombras y que ahora brilla con luz propia, auténtica, radiante. Y sé que soy muchas más cosas, porque la oscuridad me ha llevado a encontrarme con todos mis poderes ocultos, contemplarlos y sacarlos a la luz de donde nace la senda de la vida que siempre soñé, la que estaba escrita en las estrellas de las noches oscuras que acompañaron mi alma a evolucionar.

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