martes, 28 de julio de 2026

Más allá de la armadura: El latido de lo auténtico

Observando, me he dado cuenta de que nuestra realidad no es real, o mejor dicho, auténtica, que damos como real algo que es pura ficción. Que nuestras relaciones con el medio que nos rodea son erróneas. Y te preguntarás por qué digo esto. Porque siento que no conectamos con la realidad, autenticidad, con lo bello de esta vida, con el núcleo de toda existencia, con nuestra esencia, porque estamos huecos, o bueno, dormidos, pero al no saberlo es como si estuviéramos vacíos por dentro. Somos como las cortezas de los árboles, que los protegen de cualquier agresión del exterior, como los caballeros medievales con una buena armadura para luchar y, lo más importante, para que no les hieran. Porque sí, tenemos una herida grande que brota de nuestro interior, que intentamos disimular, mirar para otro lado, que nos hace relacionarnos de manera errónea y llora como la savia de un troncón.

¿Y cómo vamos a despertar todo nuestro potencial? Nos han hecho creer tantas cosas, de lo que deberíamos ser y llegar, de lo que no somos. Nos han catalogado con etiquetas desde pequeños, cuando no teníamos capacidad de razonamiento para sopesar si eran correctas o no, que las dimos como válidas y crecimos en base a ellas. ¿Pero qué hay de verdad en todo lo que nos han dicho? ¿Quiénes somos realmente? ¿Aquellas opiniones, etiquetas que nuestro entorno ha volcado en nosotros, equivocadamente o no? Porque el no replantearnos nunca las cosas puede llevarnos a una desconexión con nosotros mismos, a crisis existenciales, a quedarnos encerrados en vida en una armadura que en vez de protegernos nos hace más mal que bien.

Imagínate que nunca te has planteado quién eres, que nunca te has conocido, que no sabes cuáles son tus fortalezas y tus puntos débiles, que has dado como certeras las etiquetas que el entorno te ha lanzado y, para bien o para mal, las has hecho tuyas. Pero algunas no resuenan contigo, pero están tan arraigadas en ti que constituyen tu "identidad". ¿Cómo crees que sería relacionarse con los demás? Con personas a las que les sucede lo mismo que a ti. El vínculo sería totalmente falso, viéndolo desde un punto profundo y auténtico. Podrás sentir al principio que una primavera se abre paso en ti, pero con el tiempo todo cae como las hojas en otoño. 



Porque el rol que la vida nos ha impuesto a cada uno impide que descubramos quiénes somos y, peor aún, quién es el otro. Porque el conocimiento de descubrir al otro está en el conocernos a nosotros mismos, pero si cada uno lleva una armadura o una corteza que lo envuelve, nunca llegaremos al interior del corazón de cada uno; es imposible. Cada uno verá las cosas de diferente manera a base de su experiencia o creencias, heridas, y la distorsión con la que ha crecido. Todos hemos tenido alguna vez en la vida un malentendido con alguien; tú puedes saber las razones que te han llevado a decir o actuar de tal forma, pero la otra persona lo va a interpretar de otra manera en base a lo dicho anteriormente. Entonces, llegado a ese punto, me pregunto: ¿Acaso somos demasiado individualistas o egoístas, que lo basamos todo por el filtro de nuestra experiencia, de nuestra manera de ver el mundo, en definitiva de quién somos?  ¿Dónde queda la empatía, la comprensión, el entendimiento de querer comprender lo que la otra persona realmente ha querido decir, tanto con sus palabras como con sus hechos? Evolucionemos porque sino nunca habrá un acercamiento, viviríamos en realidades paralelas dentro de una, nos alejaríamos de los demás. ¿Y puede ese dolor, reconectar con nuestro ser más profundo? Yo creo que sí, si anhelas conectar con la vida en sí, con la conexión con el todo, a no ser que quieras encerrarte en un frasco de cristal y vivir ausente, pero si lo decides es porque el dolor no te permite escuchar el impulso del amor, un corazón que pide ser rescatado para vivir experiencias que lo colmen.

Para llegar a ese punto, hace falta rescatar nuestro corazón de esa envoltura gruesa que hemos construido, de la fortaleza en la que vive. Debemos ser valientes y quitarnos la armadura y rescatar lo más sagrado que tenemos, rescatarnos a nosotros mismos. No permitirnos caer en el foso, desprendernos de ese personaje con el que hemos luchado sobreviviendo en la vida. Subir a la torre más alta, donde está el mayor tesoro, que es lo que somos, pero para ello tenemos que subir cada peldaño de esa escalera tan larga que te lleva a ese objetivo y que en un principio parece inalcanzable, pero fácil físicamente, hasta que llevas un rato y físicamente te sientes agotado y tu cabeza empieza un caos donde, por un lado, siguen esos pensamientos que te han acompañado siempre, pero por otro lado empieza a ver otro movimiento en ella en el que empiezas a replantearte qué de todo eso es real y qué no lo es. Solo los que son valientes y no tienen miedo de ver sus entrañas en la oscuridad llegan a ver la luz que se esconde en el interior.

Y como podrás adivinar, como en los cuentos de fantasía donde el caballero sube a la alta torre del castillo para rescatar a la princesa del hechizo que le retiene allí, se rompe. Y puede pasarte a ti que puedas romperte al sentirte liberado del hechizo, y que sientas que tu vida se desmorona, que estás en lo más alto, pero todo lo que hay abajo, tus cimientos, no son sólidos. Pero recuerda que te has rescatado, y que ahora tienes alas para volar y ver el mundo desde una nueva mirada, porque ahora vives conectada a tu interior. Y desde allí todo tiene una nueva perspectiva y color. Y quizás las cosas ya no duelan tanto, y hayamos hecho las paces con nuestras heridas, y seamos más humanos al entender a otros que son iguales que nosotros. Ojalá conectemos con el medio, o con alguna persona de una manera auténtica, sin capas que nos impidan vernos; ojalá sentirnos vistos, comprendidos y amados y conectar con la conexión de este universo lleno de vida.

jueves, 9 de julio de 2026

Despertar

Todo encaja cuando llegas a un estado de iluminación, pero para llegar allí hay que abrazar la densa oscuridad y las sombras del pasado. Soy consciente de que hay poca gente que pueda llegar a tal estado de frecuencia vibracional altísima. Pues para llegar allí hace falta quitarse cadenas que nos atan, las impuestas y las autoimpuestas; hay que ser más fuertes que la voz del ego, y debemos quitarnos todas las capas que nos recubren como si fuéramos cebollas. 

Es como una secuencia que hace el tarot: el diablo, que es la voz de nuestro ego, las cadenas que nos atan a él. Debemos romperlas; para eso llega la torre que lo destruye todo abruptamente; lo que había era inerte e insostenible. Con las cenizas podemos renacer y reconstruirnos en una versión mejorada de nosotros mismos. Quedamos desnudos como la siguiente carta, que es la estrella; nos hemos desprendido de todas las capas y ahora nos queda el corazón, y este sigue latiendo con esperanza, fe y optimismo. Hay una renovación de nuestro ser después de abrazar la destrucción y ahora brillamos con la luz de nuestra esencia, la nuestra propia como una estrella. Pero aun así debemos adaptarnos a la nueva etapa; la carta que le seguirá sería la luna, donde navegamos en las aguas de nuestro inconsciente para saber cuáles son los miedos que nos paralizan, cuáles son las ilusiones y sueños que nos elevan, y donde podemos canalizarlo todo con intuición y creatividad, para llegar a todo nuestro esplendor, al sol.

Es necesario hacer este viaje hacia nuestro despertar, no solo para conocernos realmente y descubrir todo nuestro potencial, sino también para obtener libertad. Creemos que somos libres del todo, pero realmente no es así. Es cierto que en otras épocas las libertades escaseaban más que hoy en día, pero aun así nos queda un camino largo que recorrer; quizás algún día la humanidad sea más libre que nunca. Mientras tanto, la única libertad que existe se encuentra dentro de nuestra mente, protegida. Pero existen tantas cadenas invisibles con tantos nombres distintos, entre ellas la manipulación, que nos condicionan nuestra vida y esta queda encerrada en una realidad falseada. Pues para hallar una libertad más real, debemos utilizar la herramienta del conocimiento; esa será nuestra llave.

El conocimiento nos hará más libres, porque el conocer, el saber cómo son las cosas realmente, sin ningún envoltorio engañoso que quiera atraparnos en sus garras por su interés para alejarnos de la libertad deseada, de la verdad; puede acercarnos a nuestra libertad individual. Y cuando accedes a todas las fuentes de conocimiento y sabiduría, obtendrás las respuestas y las riendas de hacia dónde quieres dirigirte. Quizás quieras seguir fingiendo y engañándote, pero te aseguro que ya no será lo mismo, porque ante ti ya no verás una pared gris por mucho que te empeñes; verás las cosas como son, una pared blanca con suciedad. Otra de las opciones es que, después de saber cómo son las cosas y aceptarlas sin ningún filtro que distorsione, puedas tener la opción de elección, elegir ahora con conocimiento de causa, sin imposiciones, sabiendo lo que quieres, lo que te gusta, lo que eres desde tu libertad más pura que nunca.



La elección es superimportante porque es obrar desde una libertad de decisión, porque vibra dentro de ti. A lo largo de nuestra vida normalizamos conductas, hechos y también imposiciones como creencias, sin preguntarnos el porqué. Cargamos con una mochila que no es nuestra, con unos zapatos prestados que nos hacen daño, pero que ambas cosas llevamos en silencio, aunque molestos para no decepcionar a los nuestros. Y eso no es un acto de amor para ninguna de las partes implicadas. Debemos mirar más allá y elegir qué es lo que encaja y anhelamos con nuestro ser. Porque el resentimiento que acarrea no hacerlo puede ser destructivo para nosotros mismos. Hay que diluir, separar cada sustancia, distanciarse, para poder ver las cosas como son.

Lo sentirás, cómo se expande algo dentro de ti, tan convincente, con tanta seguridad, como es el hecho de comprobar que tu vida te pertenece a ti, a como quieras vivirla, con conocimiento de causa, desde tu verdad, desde la libertad, muteando opiniones que no resuenan contigo, maneras de vivir que tampoco encajan contigo. La cima es llegar a ser feliz consigo mismo, aunque el camino haya sido empinado, dificultoso, y a medida que avanzas solitario, pero más real que nunca, auténtico. Es como una flor cuyo tallo crece entre la maleza buscando un lugar donde alcanzar el sol; una vez que encuentra su lugar, brota y de su capullo va abriéndose una flor bella y única. Sabrás cuál es tu valor y tu esencia, que envolverá en un aroma el sendero por donde pases, con tu propia voluntad.

Y entonces cada trozo de ti, cada vivencia, es como una pieza de un puzzle que al principio es caótico, pero a medida que vas conociéndote, todo va adquiriendo un orden, una estructura, y puedes ver la imagen que se va formando. Cada pieza encaja a la perfección y llegas a un estado de plenitud, de conclusión, como simboliza la última carta de tarot, El Mundo.

Lo malo y lo bueno, la oscuridad y la luz, los eternos enemigos que son amantes, el yin y el yang, todos complementarios; el uno te lleva al otro, y pasar por los dos es sintetizar todo el conocimiento en un término medio, en el punto de equilibrio.

Deseo de todo corazón que puedas llegar a encajar cada una de las piezas del puzzle que te tocó vivir, que tengas una vida de plenitud, que puedas alcanzar la cima de la montaña y hallarte con toda la autenticidad y singularidad. Que puedas obtener la llave que abre los grilletes de esas cadenas pesadas que te tienen inmovilizado y puedas despertar y llegar a la fuente de conocimiento, empaparte y ver tu hermoso reflejo iluminado en ella por la luz que brota por cada poro de tu piel. Por tus ojos, adquirir una nueva mirada del mundo y contemplar todas aquellas cosas hermosas que no se pueden ver, pero se pueden sentir. Deseo que seas libre y resiliente como las amapolas que nacen salvajes y solitarias en medio de los campos de terrenos adversos. Deseo que tus decisiones te lleven a vivir la vida que te haga alcanzar la plenitud, a tu lugar, a tu hogar, a embriagarte de amor, y que todo merezca la pena y la vida.

martes, 23 de junio de 2026

Todas las vidas soñadas

Mi vida tan única y especial, con sus circunstancias y todo lo que le envuelve. Mi vida tan material y presente. ¿Cuántas vidas caben en ella? ¿Y versiones? Mi realidad consciente es esta, pero se me ha dotado con la capacidad de crear más realidades, que quizás sean irreales porque no tengan una base material, pero resulta que la mente no distingue lo que es verdad y lo que no, y mi cuerpo procesa las emociones que me evocan como si fueran reales. 

Partimos de una que es material, que es el origen, la semilla. Esta crece, se reproduce y da muchas más vidas alternativas, irreales dentro de esta, pero reales emocionalmente. A veces la mente viaja y ahí estás recorriendo el mundo entero, en otro escenario, con otras personas. Otras, el corazón te lleva a crear otras vidas según sus necesidades y deseos, anhelando lo que la vida de raíz no tiene. 

El poder de la mente con la imaginación me lleva y me llevará a todas las vidas que no podré vivir en esta física en la que parte todo. Será mi aliada; a veces su poder me traicionará, creando escenarios indeseados que se colorarán, inmovilizando mis músculos y aumentando mi pulso y respiración, creando un bloqueo momentáneo en que no es tan fácil despertar y al cual tendré que dominar para que no me traicione. Pero la gran mayoría de veces podrá imaginar aquello que deseo experimentar; estará a mi alcance, aunque no podré ascender a un nivel superior, que es la materialización consciente, el poder tocar esa realidad como ahora toco las teclas de mi teclado y siento la suavidad de estas y la banda sonora que crean. 

La cuestión no es perderse y volverse loco, anhelando y deseando algo que quizás no puedas obtener o vivir; debe existir un cierto equilibrio entre el deseo anhelado y el raciocinio. La imaginación es una herramienta, no un arma. Con ella puedes expandir tu horizonte, con creatividad y un poco de ingenio. Mezclar conocimientos e imágenes de tu vida existente con algunas creadas expresamente por ti. Crear historias al igual que los escritores hacen en sus libros, mezclando a veces realidad con ficción. Es imaginar desde tu sofá con los ojos cerrados y la música saliendo de tus auriculares, fundiéndose en tu mente que estás en Italia, Japón, Grecia o en una isla remota bañada por unas aguas cristalinas. O quizás en un pueblo que tú creas a tu modo, como si estuvieras jugando a un videojuego. La imaginación es un mundo inmenso como es el espacio infinito, un misterio que no se detiene y no tiene fin.



Habrá momentos en la vida en que eso será nuestro mayor refugio y que en la fantasía encontremos las ganas de vivir en algo que es irreal o ficticio, pero que nos abraza con sus alas para poder escapar, sobrevivir a nuestra realidad, carente de luz, donde nos sentimos confundidos y apáticos, pero dentro de nuestro refugio lo sentimos tan real, tan auténtico, como, por ejemplo, ese tiempo de desconexión donde lees un libro y te transporta a otra época, a otra vida, donde tú eres el espectador y ves cómo interactúan las personas, y sientes todo lo que ellos sienten; es como si una parte de ti viviera ahí. A través de la observación hacia los demás o hacia el medio, es increíble cómo podemos descubrirnos y entendernos a nosotros mismos.

Quizás allí, en ese mundo que imaginamos, nos nutra de ideas para poder materializar en nuestra vida raíz. Descubrir cosas, como por ejemplo metas hacia donde ir para sentirnos más vivos que nunca. El poder de la imaginación despliega ante ti sus alas, para poder volar a cualquier sitio, sentir cualquier emoción, visualizarte y comprender también. 

A veces el caos y el estrés que tenemos en nuestra vida nos pueden llevar a querer refugiarnos en una burbuja de ensoñación; a veces solo queremos sentirnos niños de nuevo, cuando todo nos sorprendía, cuando mirábamos al mundo con fascinación y creíamos que todo estaría a nuestro alcance, pero que a medida que vamos creciendo, la desilusión y la responsabilidad hacen mella, alejándonos de nuestras ilusiones y deseos más primitivos. 

Utilicemos la imaginación para crear todas esas vidas que deseamos vivir, exploremos todos los límites, creemos magia y también refugio. Descubramos todo el potencial que tenemos dentro de nuestra mente. Estamos hechos de historias reales y ficticias que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida: canciones, libros, películas; muchas de ellas parten de ese mundo que floreció dentro de una mente inquieta y que llegó a nosotros nutriendo nuestra vida de origen. 

Existen muchas realidades, tantas como puedas imaginar, tantas como te puedan nutrir e inspirar la de los demás. Hay tanto por descubrir que no dejes de soñar, crear e imaginar, y si puedes hacerlo realidad de un modo u otro, hazlo posible; empápate de todas las sensaciones. Porque en una vida caben tantas como estrellas hay en el universo, aún por descubrir en galaxias lejanas. 

miércoles, 10 de junio de 2026

La luz invisible 💡☄️

Tiempo atrás todo era oscuro, oscuro como la noche que, al contemplarla, me daba escalofríos, y maldecía al sol por huir otro día más y apagar las luces en este lugar. Él, el astro rey, que era el motor que me hacía sentirme un poco viva, un poco yo. En astrología, el sol representa la identidad, y creo que mi propia identidad se desdibujaba con la caída de él tras el horizonte. Entonces llegaba el momento de encender las bombillas para obtener algo de luz, y me sentía un poco artificial, un actor, actuando un papel que consistía en sobrevivir y buscar algo que anhela en su interior, algo grandioso, poderoso que traiga las respuestas de quién es en verdad. Mientras tanto, me sentía totalmente perdida, necesitando luz para encontrar esas respuestas; ellas me llevarían a mi camino, mi propósito, a mi vitalidad. 

Me preguntaba: "¿Cómo voy a encontrarme, cómo me van a ver los demás sin luz y con este superpoder?" Al poder al que me refería era la invisibilidad; entre este juego de luces de la naturaleza, me sentía invisible, incomprendida. Pues solo los fantasmas de las sombras me veían y me hacían sentirme así, totalmente incomprendida, perdida y con un sentimiento de soledad. Sus sombras se apoderaban de las mías, llenándolas todas de oscuridad, llanto, cansancio... Y es curioso, pero cuando más se adueñaban de mí, se hacían más grandes; yo me sentía más pequeña, más vulnerable.  En esos tiempos odiaba en parte ese superpoder, pues conllevaba una indiferencia por parte del medio hacia mí, que me hacía trizas. Y es angustioso crecer así, no sintiéndote amada y respaldada, luchando sola en aguas turbulentas, con la esperanza de hallar un lago tranquilo con orillas a un bosque colorido y tupido donde encontrarme con mi tribu, la que hablara el mismo lenguaje que yo; sería como hallar un trozo de mí, de mi identidad.

Es curioso, pero iba avanzando como por un bosque en el que me sentí como una luciérnaga a la que querían cazar seres depredadores para que yo les iluminara su camino. En un principio pensé que era maravilloso que por fin alguien me viera y poder ser útil; con el tiempo me di cuenta de que se menguaba mi energía, entonces empecé a volar más alto, a esconderme, mi luz se apagó, y entonces la oscuridad me abrazó y fue mi refugio. Me decía a mí misma que era como una bombilla fundida, rota, que ya no podía iluminar más. Pero ante esa oscuridad que tiempo atrás me daba escalofríos, empecé a ver que no era todo negro, que las sombras estaban iluminadas, que no había una ausencia total de luz. Comprendí que no hay oscuridad si no hay luz, y que la luz también habita con la oscuridad. Hay tantas cosas que me enseñó esa travesía, en la que me sentía como pirata en un barco, cruzando un mar de tormento, intentando divisar un faro que iluminara mi trayecto para encontrar ese preciado tesoro. Entre esas aguas saladas de mis lágrimas empecé a encontrar respuestas; no era una bombilla fundida, era una bombilla sucia, con un montón de capas de polvo del tiempo, como una lámpara a la que no se le ha cuidado y empieza a acumular suciedad.




Llegué a una orilla, siendo alguien totalmente distinta a aquella criatura asustada, derrotada y perdida. Las respuestas las obtuve; habitaban dormidas en mi interior, al igual que una crisálida da a una mariposa y esta empieza a revolotear; empezaron a brotar de mí. Una luz cegadora se abría paso desde mi interior y con ella tanta sabiduría. Hay una carta en el tarot que es El Ermitaño; está representada por alguien que se aisló del mundo, que hizo un largo camino y que se encuentra por encima de las montañas; estas representan los obstáculos que ha tenido que atravesar. Tras ese largo periodo aislado donde reflexiona sobre el caos que dejó atrás, se encuentra consigo mismo en un acto llamado introspección. Encuentra su propia luz, y no necesita que nadie le ilumine el camino; él solo tiene la luz necesaria y el poder para poder continuar su vida. Hay sabiduría en su interior, fortaleza; no se siente solo. Así me sentí yo tras un tiempo de oscuridad y desconexión; todo ese caos me llevó al lugar o al estado que estaba buscando sin saber concretamente qué era esto; lo buscaba y estaba dentro de mí y nos encontramos justo en el momento indicado. En mi interior la luz lo inundaba todo; necesitaba su complementario, la oscuridad, para encontrarme con ella. Yo no sabía que existía un sol lleno de vitalidad en mí, pero supongo que mi optimismo y fortaleza para continuar eran más fuertes que las sombras y los sinsabores de la vida que me agarraban con sus cadenas. Y eso fue lo que me ayudó a atravesar montañas, mares revueltos de lágrimas, días tormentosos, noches oscuras.

Recuerdo un día donde las cadenas apretaban más; me cuestionaba entre sollozos por qué no había nadie que iluminara mi vida, que me diera luz, calor, que me ayudara a liberarme de este estado, de estas cadenas. De mi interior brotó una voz angelical que me dijo que no buscara esa luz, no la encontraría en los demás, pues esa luz estaba en mi interior; yo era como un faro de luz, no solo para mí, sino también para los demás, para quien lo necesitara, para aquellos que buscan una luz para encontrar su camino de regreso, de sentido, de pertenencia. Una luz que iluminara los días oscuros y tormentosos en los que todo carece de sentido. Yo no encontraría esa luz; sería esa luz portadora. Quizás se me lanzó mi propósito desde mi interior, pero tuve que pasar por muchas travesías y cruzar bosques para comprender aquellas palabras. Ahora tienen sentido.

Deje de ser invisible para mí y para aquellos que tienen en su mirada el deseo que yo anhelaba; sus ojos vidriosos son el tintineo de las estrellas que siempre han guiado a la humanidad. Ellos tienen el don de poder percibir lo que parece invisible u oculto bajo esta luz; es su superpoder. Solo en esas condiciones podremos vernos, y entonces desplegar aquella luz que habita en mí y, como me susurró aquella voz: "Tú eres la luz que lo iluminará a ellos como te hubiera gustado que te iluminaran a ti". Cumpliré mi cometido, ayudaré a reencontrarse con todo el potencial de energía y luz que llevan dentro de ellos y que la oscuridad envuelve. Y dejarán de sentirse como esa criatura atormentada, para convertirse en el sol que ilumine sus días, y al caer la noche, en las luciérnagas que desplieguen su luz mezclándose con los destellos de las estrellas.

Ahora lo entiendo todo: romperte para arreglarte y poder así arreglar otras vidas o ser su consuelo, de una manera que no drena la energía, sino que la amplifica. Sentirte invisible e incomprendida en este mundo o bajo ese espectro visible que nuestros ojos pueden percibir, para darte cuenta de que solo te ven aquellos que conectan con tu frecuencia, la que abre los ojos del alma y hace que pueda ver en ti tu potencial, tu esencia. Y que mi luz siempre residió en mí, y al igual que el astro rey, fue eclipsada por una dama atormentada, la luna, con emociones enmarañadas en cada cráter de su ser.

Ahora la noche convive con la oscuridad, con la luz de las estrellas y la mía propia, y me da una sensación de paz; me siento alienada con el universo. Sé que soy un faro de luz en la más alta montaña que ilumina los mares de lágrimas de alguna alma atormentada a la que guiaré, o de alguna criatura que busca refugio. Ser ese canal, o el puente alumbrado transitorio donde nace la mejor versión de ti, la que se ha enfrentado a las sombras y que ahora brilla con luz propia, auténtica, radiante. Y sé que soy muchas más cosas, porque la oscuridad me ha llevado a encontrarme con todos mis poderes ocultos, contemplarlos y sacarlos a la luz de donde nace la senda de la vida que siempre soñé, la que estaba escrita en las estrellas de las noches oscuras que acompañaron mi alma a evolucionar.

martes, 26 de mayo de 2026

Bajo un cielo estrellado y una alfombra de flores 🌌🌷

Ellos no lo saben, no saben cómo empezó su historia un día, cómo dos corazones rotos pedían a gritos salvarse el uno al otro. 

Uno de ellos se liberó tiempo atrás del personaje que había creado para sobrevivir a unos padres que no se amaban, para sobrevivir a amores vacíos que no hacían palpitar el corazón ni sentir el calor del rubio sol. A través de la lente de su cámara fotográfica capturaba miradas de amor, todo el lenguaje íntimo de dos personas que se aman. El amor existía, aunque él no lo había podido experimentar con todo su ser. Se refugiaba en la naturaleza, porque para él, su Dios, la fuente de la creación donde reside todo el amor, estaba en la naturaleza, en los atardeceres, en la lluvia, en las flores y en ese cielo estrellado que observaba cada noche de verano, perdiéndose en cada constelación. 

Un día tuvo una epifanía, que le arrancó el personaje y la creencia de no ser merecedor de amor, al igual que lo fue su madre. Fue ella la que le dio la vida, la que le había visto crecer y ver cómo ese chico sensible se refugiaba en un caparazón de chico duro; la que supo reconocer en él todo ese dolor invisible que intentaba ocultar en su alma y lo roto que estaba por dentro, pues ella reconocía ese dolor familiar y no quería que su hijo fuera infeliz como ella lo había sido. Tras unas palabras, con balas de amor y verdad, dejó muerto al avatar que había acompañado la vida de su hijo. Su hijo se merecía brillar con un amor al igual que lo hacen las estrellas, que él observa. 


El otro vivía encorsetado en un mundo plano de colores básicos. Nunca se sintió especial, parecía un personaje secundario; daba más vida a los demás que la propia que él experimentaba. Un día que podía haber sido monótono como lo había sido su vida hasta ahora, sintió en su interior una vibración que iba a más, como una bomba de agua que bombea con presión una tubería, pues su vida parecía como si se hubiera desarrollado en una de ellas y ahora un torrente de agua quisiera expulsar tantas emociones contenidas, liberar su autenticidad reprimida y ver por fin el sol, alejado de ese lugar solitario y oscuro. Y, como si fuera un géiser, empezó a emerger de su interior, liberando al personaje principal que era y que había sido secuestrado.

Y ante él vio cómo su vida pasada había sido como un eclipse total, y de repente podía, al fin, ver el sol, un sol brillante, y todo un espectro amplio de colores intensos y variados, más de lo que había imaginado que existían. Tenía un mundo entero que descubrir, con toda la intensidad. Y algo descubrió mientras que lo experimentaba, que él se merecía ser cuidado también. Que quería vivir una vida donde poder sentirse libre y ligero como un pájaro que vuela, pero que le esperaba un hogar, un nido con amor.  


Ellos no lo saben, no saben cómo empezó su historia de dos; ellos los sintieron y un día, sin darse cuenta, todo empezó. Miradas cargadas con complicidad, cariño, deseo. Caricias como el aleteo de una mariposa se posaban sobre sus tejidos; y en las noches donde no pueden dormir, uno de ellos, como si fuera una nana, desliza sus manos bailando sobre la piel del otro. Y entonces los dos caen en un sueño en que uno exploraba todas las estrellas que habitan en el otro, mientras el otro vuela sobre el jardín perfumado y colorido explorando el tacto de esa piel que parece pétalos; puede sentir los colores. Ellos no lo saben, pero estaban creando su lenguaje íntimo del amor.

Una aventura por compartir, ver el mundo desde una nueva perspectiva, donde ser y poder ser amado. Una nueva realidad que los dos creían que no existía en ese plano, y que ahora pueden vivir; están atrapados en el halo de un amor intenso, que bombea y brilla su senda.



Ahora las estrellas que le han acompañado no le parecen tan espectaculares como lo son ahora aquella que orbita en su corazón; lo mira y tiene una luz cegadora y con tantos colores que parece una de sus estrellas favoritas, Sirio. No puede contener la emoción y se le escapa una sonrisa de felicidad, que es capturada por su cámara, que se encuentra en las manos que son ahora su tentación, la de su estrella favorita, la cual tiene un cabello que es la debilidad de él. Querría enredarse de por vida allí, bajar un poco más, como si fuera el núcleo de la Tierra, al lugar donde nacen sus pensamientos y descubrir un poco más acerca de ese chico enigmático como es el espacio infinito. 

El otro sonríe tímidamente mientras sostiene la cámara; no tiene idea de hacer fotografías, pero dispara una y otra vez como le han enseñado, capturando los colores que emanan de su gran amor, cada gesto; quiere inmortalizarlo porque puede sentir cómo captura el amor que se respira, esa dulce conexión. Esa cámara que ha sido testigo de tantas historias de amor, por fin captura la historia de su dueño. El amor por fin existe. Aunque esa cámara se interponga entre ellos dos, puede sentirse ligero y amado. En este campo donde se encuentran ahora, donde parece que solo existen ellos, donde escucha cantar el agua de un arroyo, y le trae un eco de recuerdo, de cuando todo en su interior se liberó y pudo ser el protagonista principal. Se imagina mientras que lo observas cerca del arroyo mientras captura su sonrisa, que es una rana, a la que besará, y romperá la maldición esa que cree que tiene de no ser merecedor de ser amado; acabará con cualquier resquicio que quede de ese personaje que le condicionó la vida. 

Las flores cubren sus cuerpos, y el sol se encuentra entre medias del camino que va de la boca del uno al otro. La felicidad se esconde aquí, en este preciso instante.


Ellos no lo saben, pero parecen dos mariposas revoloteando en un jardín frondoso, abundante, colorido. Creando una danza de atracción, en esta atmósfera donde se puede sentir el intenso impulso por el aroma que desprende cada uno, por la belleza que ahora no se esconde. Ellos no lo saben, pero uno de ellos extendió sus alas y rescató de su crisálida al otro. Y ahora, al despertar, atraviesan un jardín lleno de flores, exploran un cielo de estrellas, penetran una piel para llegar al alma y corazón de otro, atraviesan un bosque donde uno de ellos se pierde en el cabello de otro como si fuera hierba fresca. Ahí se siente seguro, siente que es el niño que le tocó ser y no pudo ser, el que se posa sobre esa hierba mientras contempla el cielo y lo fotografía, se siente en conexión total con el todo. El otro siente que por fin tiene lo que tanto anheló: un lugar seguro, donde sentirse cuidado y amado, donde es visible.


Y ahora los ves, y contagian ese amor que la vida les negó, pero que ahora ellos lo crean, lo sienten, lo viven. Porque ahora uno, si quiere ver el universo, tan solo tiene que mirar los ojos del otro, en el que se encuentran todas las galaxias y estrellas que fotografió y que observa cada verano; sabe que ha conquistado el universo, que le pertenece a él; su mirada es todo lo que desea. Mientras el otro contempla, perdiéndose entre caricias, el rostro desnudo de su amor, le parece un jardín, un campo de flores, un lugar perfecto para perderse. Mira sus ojos verdes, le recuerda a la hierba, baja por las montañas de sus pómulos para llegar al lago húmedo, donde se encuentran sus labios y donde posa los suyos, rompiendo la maldición de aquella rana que se escondía tras un caparazón, su rana Gustavo, su Gusta. Y mientras que se funde en ese beso, siente que puede volar más allá de los límites que siempre marcaron su vida, sobrevolar el cuerpo de flores que ahora es refugio. Puede observar como lunares de su cuerpo forman constelaciones donde quiere perderse aquel hombre que es su jardín de flores. Entonces cielo y tierra se juntan en una explosión de luz como si fuera una supernova. Después le sobreviene un púlsar donde todo queda suspendido mientras que ellos se aman, donde dos corazones rotos colisionan, creando uno más consolidado, que alimenta este amor.


Ellos no lo saben, no saben cómo ocurrió, pero su amor les cambió la vida; ahora vuelan juntos por el universo infinito, bajo un cielo estrellado y una alfombra de flores coloridas.



martes, 12 de mayo de 2026

Origen

Creo que todos venimos a este mundo con un mapa grabado en nuestra alma, donde reside nuestra esencia. También creo que, al igual que venimos con un mapa lleno de rutas, senderos que podemos o no transitar, hay paradas obligatorias, algunas de enseñanzas, otras de goce que nos energizan. Las primeras quizás son menos placenteras, pero serán las que nos den las herramientas y tejan una parte sustancial de nuestra personalidad. En ellas podremos mirarnos como lo que somos, desnudos, sin armaduras, puros, naturales, sin adornos. Donde ir hacia dentro, navegando por la introspección en un lago que es nuestro hogar y donde se encuentra el tesoro escondido, que un día perdimos de vista. En él se encuentra el mapa de quiénes somos, nuestra esencia. Creo que tenemos un propósito y que a lo largo de nuestra vida tenemos la misión de descubrirlo, pero para ello, tenemos que descubrinos primero a nosotros mismos. Es la manera de hallarlo, de iniciar el viaje al origen.

Creo que el juego de la vida, que puede desorientarte como una noria que da vueltas y vueltas y que a algunos pone la vida patas arriba, a otros les crea miedo, otros deciden abandonar, no quieren correr ese riesgo o se han cansado de ello y otros saben apreciarlo y lo llegan a disfrutar; la clave está en continuar, en no dejarse abatir, que aunque tu vida ruede y ruede, vayas avanzando, descubriendo la belleza que se encuentra en todas partes, a veces muy escondida; a veces es una cuestión de actitud, o de las lentes que te pongas para mirarla. Todo en la vida está para algo; lo difícil es descubrir el porqué. A veces hay respuestas que llegan con los años, pero todo está conectado. La vida es un círculo perfecto, ¿O quizás un círculo dibujado por un niño, que no es redondo del todo y que tiene imperfecciones y curvas abolladas, pero que sin duda empieza y acaba conectado?

¿Recuerdas al niño que fuiste? ¿Qué te gustaba? ¿Qué te ilusionaba? ¿Con qué disfrutabas? ¿Qué cosas hacías o decías con toda la inocencia, sin ser consciente? Ahí se encontraba tu pureza; estaba escrito en tu alma. Quizás no lo recuerdes y lo hayas olvidado. Pues como un truco de magia, parece que desaparece, pero es solo un truco.  De niños admiramos a las personas que nos rodean, o aquellas cosas que hacen cantar a nuestra alma. Quizás queremos ser como ellos, quizás es solo la trampa para perdernos, y puede que en efecto sea así. Pues entonces es cuando se corrompe nuestra conexión con la esencia, cuando se efectúa el truco de magia, cuando nos olvidamos de nosotros mismos para ser quienes los otros quieren que seamos, o que vivamos lo que ellos querían vivir en su proyecto personal; a veces esto ocurre de manera inconsciente. Es el arte de moldear; nuestro entorno, junto con las personas que nos rodean, nos van moldeando, nos van alejando de nuestra ruta, o nos meten por senderos que no son nuestros, son de ellos, quizás de ese niño asustado que habita en ellos. Pero todos los caminos llevan a Roma, como dicen; el perdernos es parte del juego también. Aunque siempre sabemos hacia dónde ir, al igual que los gatos, tenemos como una especie de brújula que nos orienta el camino con un sonido que se escucha en el pecho: "bum-bum". El corazón no engaña, la mente sí, y esta última nos seduce siempre. 

Nos moldean, permitimos que nos rompan, creamos con nuestra mente e ilusiones espejismos y se nos olvida las preguntas esenciales: ¿Quién soy? ¿Hacia dónde quiero ir? ¿Cuál es mi propósito? Y a ese niño su sonrisa empieza a estar atrapada por unas nubes que lo cubren todo, y a veces anuncia lluvia. A veces vienen acompañadas de tormenta, de rayos, creando las primeras heridas, las más difíciles, las que nunca se olvidan; algunas se cierran, pero sus cicatrices permanecen para recordarnos que en algún momento eso nos dolió. Dicen que hay que aprender a bailar bajo la lluvia; de igual modo, debemos aprender, conocer, aceptar nuestras heridas, el trauma que estas nos generaron. Pues nuestra manera de relacionarnos va ligada con ellas. Caminos empedrados que hacen difícil la ruta, pero que no te asusten las piedras; sé resistente como ellas.

Quizás seamos como los juegos que nos acompañaron en nuestra infancia, un rompecabezas, un puzzle, bloques de construcción, que hay que armar, construyendo algo que da sentido a quien somos. Nos rompen, nos desintegran; sin darnos cuenta, perdemos las riendas de nuestra vida, de quien somos, para transformarnos en ellos a quienes admiramos sin un criterio propio, por el mero hecho de absurdas modas o por convencernos de que es lo que necesitamos. Y entonces nos perdemos un poco más, bajamos más abajo al túnel, a un pozo que hemos ido construyendo sin darnos cuenta a lo largo de los años. Y de pronto es cuando más perdidos estamos, pero más cerca estamos de encontrarnos, de recomponer el puzzle con todas las piezas para volver a ser unidad. 

Y como una secuencia, nacemos con nuestra esencia, con el mapa de rutas y entresijos; no somos conscientes de ello. Cuando empezamos a ser conscientes de quiénes somos, somos el personaje que hemos permitido que moldeen los demás; nos perdemos, nos rompemos, para llegar a la final de la secuencia, el despertar, el recordar quiénes somos, para reconstruir lo que fuimos, para volver al origen, donde residen todas las respuestas que siempre estuvieron a nuestro alcance.



Y un día, mareado por las vueltas que hemos dado en esa noria, llamada sobrevivir, cansado de la oscuridad de ese pozo en el que te encuentras, y  quieres abandonar. Y dependiendo de si has sabido aprovechar los recursos de esas paradas, tanto las buenas como las malas, ya que la combinación de ellas es el impulso para poder salir de ese lugar oscuro, que no es otro que donde se ha refugiado el niño que eres, aquel que disfrutaba de ese sol que coloreaba su mundo. Es el momento de mirar hacia dentro, de rescatar al niño que fuiste, en el que está la esencia de tu vida; él es el tesoro que contiene el mapa. Para acceder tan solo necesitas abrir esa puerta acorazada; la llave siempre estuvo en ti, perdida, pero en ti. Te asustaban los monstruos que protegían ese lugar, pero fueron creados por ti mismo mediante emociones, palabras y hechos donde la fuente no eras tú, era algo ajeno a ti que te fue transmitido y lo diste por cierto. No temas, con amor desaparecen; hazles caricias, cosquillas, y verás cómo el ejército de monstruos desaparece como las nubes oscuras.

Introduces la llave con la mano temblorosa, y escuchas el clack, y algo en ti hace click, y entonces empiezas a recordar, comienzan a brotar las primeras respuestas de hacia dónde vas, quién eres, cuál es tu propósito o al menos intuyes algo. Empiezas a sentirte en sintonía con quien eres, a bailar con la vida. A recobrar las riendas de tu vida. Empiezas a mirarte de otra manera, y del mismo modo a los demás, al mundo, sin juicios.

Comprendes que, aunque de niño como de adulto admiramos a los demás, y veíamos solo una parte, quizás la que más nos interesaba o aquellas que eran más bonitas, al igual como si fuera el lado visible de la luna, sin querer ver en la vida que todo se compone de dualidad y que hay una parte no tan iluminada, ellos también son vulnerables, al igual que tú. ¿No te has replanteado que quizás todas esas cosas que te gustaban de los demás resonaban contigo porque viven dormidas en ti? Porque quizás esas personas no se den cuenta de su poder, de ese don, de esas cualidades que admiramos de ellos, pero ellos a veces no se reconocen así y tú ves esa belleza, porque estás conectando con esa frecuencia, y ellos algún día descubrirán en el mundo de las sombras aquello que les hace bellos al igual que tú.

Si algo me parece bello de la humanidad es la belleza de la vulnerabilidad, porque en ella somos realmente nosotros, podemos ver el mapa del alma de la otra persona y, si lo observas con amor, es como ver y sentir un atardecer y poder acariciar el sol, sentir gratitud con el universo, recobrar el sentido de la existencia. Descubrir quiénes somos, quiénes son los otros, mimar nuestras heridas. Aceptar la vulnerabilidad, te lleva a un viaje a las entrañas del universo, a una exaltación, frenesí, que te conecta con el todo. Y el todo parte del origen, al igual que termina allí.

Y es que en el origen están todas nuestras respuestas, de quiénes somos; porque si miras atrás y recuerdas todo aquello que el niño que fuiste y habita en ti, vivió, creó, te darás cuenta de que, de un modo u otro, has terminado trazando el camino que el dibujo, que soñó, que anheló. Que tus pasos de manera inconsciente te han llevado ahí, en este preciso momento, en que una parte de ti sonríe. Estás caminando sobre el mapa de tu alma, que de lejos parece un círculo imperfecto dibujado por el niño que fuiste. Y todo tiene conexión, sentido, y empiezas a sentir la brisa de la calma, de la paz, que va recorriendo cada uno de los canales por los que circulan tus nervios. Ya no caminas solo, caminas de la mano de ese chiquillo que fuiste; os sentís protegidos el uno con el otro.

Por mí, por todas las versiones que han coexistido en mí, por esa niña que siempre fui, a la que le debo lo que soy ahora. Porque si me encuentro perdida, sé que el camino al hogar está en ella, en ese mundo que inconscientemente dibujo para que yo lo coloreara. Y ahora sé que todas las respuestas a las preguntas que me he planteado a lo largo de mi existencia residen en lo que un día viví y olvidé; pero que estoy en vías de exploración en este viaje fascinante llamado origen.

martes, 5 de mayo de 2026

¿Dónde está el amor que embriaga el alma? 💖

¿Dónde está el amor que embriaga el alma? Aquel que te reconstruye, que es refugio, que es calidez. Que rompe como las olas del mar chocan contra las rocas y se llevan los resquicios de un antiguo yo, llenas de viejas estructuras y creencias. 

Puede que ese amor no exista en este mundo gris y cotidiano, lleno de cenizas, aunque un eco de mi alma lo recuerde y quiera entregarse a arder y ser llama de este incendio de emociones provocadas por una fuerza poderosa entre tú y yo que contiene el universo y a la que llaman amor.

Nos pasamos toda nuestra vida buscando el amor, en un lado y en otro, en gente que va y viene y a veces se siente como un vidrio frío muy superficial a la hora de tocarlo e incluso de alcanzarlo. Lo buscamos en gestos pequeños que nos sacan sonrisas, como en un atardecer, el ronroneo de un gato, la lluvia al caer, un rayo de sol que intercede los vértices de nuestra piel; pequeños placeres que nos ofrece la naturaleza, toda ella llena de amor.  

Pero aun así no es suficiente. Anhelamos un amor bidireccional. A veces, por querer encajar y sentirnos parte de algo, nos quedamos con lo destructivo y abusivo de un amor barato, fallándote a ti misma, conformándote con unas migajas; tú, que estás hecha de amor y este reside en ti, te has olvidado de tu amor propio. De joven deseas un amor que te rescate del amor que no te han dado otros (ni tú misma), que te sane las heridas, heridas que te toca aprender a sanar con el desamor y la madurez, que se convierte en amor por una misma. Y empiezas a entender que no eras aquel personaje, y empiezas a buscar quién eres, tu ser, tu autenticidad. 

Existe la ley de la dualidad, donde todo el universo tiene dos polos opuestos o complementarios; para que exista uno, debe existir el otro; uno solo no podría existir como tal, necesita del otro. Y ambos tienen la misma raíz; solo lo manifiestan en diferentes grados. Dicho esto, aunque te des todo el amor propio, aunque te embriagues de él y lo encuentres en la naturaleza que te rodea, necesitas de otro para poder crecer; tu alma busca calmar la sed en la fuente de otro ser. Necesitas expandirte con emociones evocadas por otro ser que anhela lo mismo en ti.                                        

¿Dónde está el amor que te eleva? Con el que no te sientes nunca sola, aunque el silencio reine. Que es ternura, entendimiento, admiración mutua. Que te hace crecer como la hierba a la luz del sol.

He llegado a pensar que tal vez el amor más profundo, el que es incondicional, es el amor de un hijo. Ese ser que crece dentro de ti, y que es una parte o prolongación más de ti; debe de serlo, puedo sentirlo, aunque no lo haya experimentado. Quizás el amor más puro de los que hay. Porque existen muchas clases de amores, y yo estoy buscando a uno en concreto para que dé resultado el anterior. Uno con el que conectar con toda la intensidad, profundidad y misterio que se encuentra en el universo, donde perderse no sea motivo de preocupación, sino de aventura.

Quizás solo exista en las historias de los libros, historias escritas por almas inquietas como la mía que, ante su desazón, proyecten ese amor que inspira a salir a buscar. Quizás solo lo experimente así. Pero dentro de mí, en lo más profundo de mi ser, sé que existe; lo puedo notar, tiene que estar escondido por alguna parte. 

Me gustaría experimentar en esta vida alguna vez, aunque solo fueran 5 segundos, ese amor que te atrapa. Alguien que pueda leer mi alma, que nuestros corazones marquen el ritmo de una partitura, de nuestra canción, única en este universo. 

Que pueda reconocer el tacto de sus labios, y sea la droga que me cree acción y me deje flotando en el mundo de los sueños como una nube. Que su respiración sea una danza que baila contra mi pecho. Un amor, lleno de emociones que explota como el Big Bang; nuestra historia, una galaxia; él y yo orbitando juntos, surcando el espacio como dos cometas. Que esta vez mis lágrimas sean una lluvia de estrellas formando un manto donde posarnos y, entre caricias, esparcir el polvo mágico entre nuestros cuerpos.   

                                                                             


                                                      

El amor que te embriaga el alma es un amor con luz, con sentido, con propósito; es calma, es risa, es refugio, es sanación, es ligereza, es pasión. El amor que embriaga el alma tiene de ingredientes en su receta dos seres que hablan el mismo lenguaje del alma, que entienden y saben descifrar el mapa del otro. Y es cuando todo empieza a recobrar sentido: la luz es más intensa, las sombras de la oscuridad dejan de asustarnos, los colores son más vívidos. Un amor que es realidad, que se puede tocar, experimentarlo en todos sus matices y formas.           

Quizás un día lo encuentre, lo alcance; mientras tanto, sentiré en lo más profundo de mí que hay algo más, que mi alma está en constante expansión como el universo, buscando atraer y chocarse contra un cuerpo que contiene la misma inquietud, curiosidad y hambre que una servidora. Lo soñaré, lo manifestaré, y si no es en esta vida, en otra nos encontraremos, porque estamos hechos de la misma materia que el universo, de un amor embriagador.                                                                                                                                                                                                                             

martes, 28 de abril de 2026

Serpiente 🐍

Surcado el vaivén del tiempo, buscando un poco el cálido calor del amor, quizás, ¿qué digo quizás?, buscando el amor. Me he quedado mucho tiempo en un sitio en el que mi sangre se ha congelado y no me permite vivir. No es solo mi sangre helada, es el lugar, oscuro y frío, es el veneno que llevo dentro y mi lengua queriéndose liberar. Sabes que no atacaría, solo si me encuentro en peligro y así me siento, pero hace tanto que ya no recuerdo quién soy. 

Sigo reptando para buscar la salida, una fuente de calor, que me llene de las respuestas que tanto deseo y de la libertad. Lo de la cautividad fue tu juego, tenerme de mascota. Sentir la distancia entre tú y yo, entre ese puto cristal donde me observas, donde dejaste que olvidara cuál era mi esencia. ¿Qué fue lo que te enamoró de mí? ¿La tentación de mi tacto enredado en tu piel? ¿La belleza de mis ojos misteriosos? ¿O quizás, ser una criatura fascinante a la que poder hipnotizar?

Ahora ya no me importa; quiero escapar, ser yo misma, seguir mi camino. Necesito calor o terminaré muriéndome. Al igual que desprenderme de esta vieja piel, que me aprieta, que me hace daño. Hace tiempo que se me quedó pequeña; he crecido, he evolucionado, mientras tú sigues mirándome y no haces nada. Ya no soy tu pequeña. Quiero, ¿qué digo quiero?, necesito con urgencia desprenderme de esta piel llena de parásitos y de heridas que quiero sanar. También de la tuya, no más caricias llenas de una mezcla de hielo y cariño en dosis pequeñas, pero letales.

Soy una serpiente, soy salvaje, libre; esa es mi naturaleza. No intentes de nuevo hipnotizarme con esa música que sale de tus labios, porque no quiero estar más a la defensiva, no quiero que este veneno me mate, no quiero estar más en esta jaula de cristal. Porque siento que soy yo la que se estrangula a sí misma, mientras tú me observas, pero no me cuidas. Me aprieta, me duele, no quiero que sigas jugando conmigo como si fuera un juego, ese que tantas veces jugabas de niño en tu Nokia y que ahora de mayor, por no haber sanado, lo sigues haciendo conmigo.

Sigo surcando, buscando un ambiente más cálido, más seguro, donde comprendan la naturaleza de mi alma, con mis luces, mis sombras, donde vivir mi esencia. No intentes atraparme; no quiero que, como el Principito, ser la serpiente que se comió al elefante. ¿Qué te impide ver mi sufrimiento? Acaso el tuyo propio. 

Déjame ser simplemente yo misma; ha llegado la hora de transformarme y cuidarme, esa palabra que te quedó muy grande, al igual que yo. 



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