miércoles, 10 de junio de 2026

La luz invisible 💡☄️

Tiempo atrás todo era oscuro, oscuro como la noche que, al contemplarla, me daba escalofríos, y maldecía al sol por huir otro día más y apagar las luces en este lugar. Él, el astro rey, que era el motor que me hacía sentirme un poco viva, un poco yo. En astrología, el sol representa la identidad, y creo que mi propia identidad se desdibujaba con la caída de él tras el horizonte. Entonces llegaba el momento de encender las bombillas para obtener algo de luz, y me sentía un poco artificial, un actor, actuando un papel que consistía en sobrevivir y buscar algo que anhela en su interior, algo grandioso, poderoso que traiga las respuestas de quién es en verdad. Mientras tanto, me sentía totalmente perdida, necesitando luz para encontrar esas respuestas; ellas me llevarían a mi camino, mi propósito, a mi vitalidad. 

Me preguntaba: "¿Cómo voy a encontrarme, cómo me van a ver los demás sin luz y con este superpoder?" Al poder al que me refería era la invisibilidad; entre este juego de luces de la naturaleza, me sentía invisible, incomprendida. Pues solo los fantasmas de las sombras me veían y me hacían sentirme así, totalmente incomprendida, perdida y con un sentimiento de soledad. Sus sombras se apoderaban de las mías, llenándolas todas de oscuridad, llanto, cansancio... Y es curioso, pero cuando más se adueñaban de mí, se hacían más grandes; yo me sentía más pequeña, más vulnerable.  En esos tiempos odiaba en parte ese superpoder, pues conllevaba una indiferencia por parte del medio hacia mí, que me hacía trizas. Y es angustioso crecer así, no sintiéndote amada y respaldada, luchando sola en aguas turbulentas, con la esperanza de hallar un lago tranquilo con orillas a un bosque colorido y tupido donde encontrarme con mi tribu, la que hablara el mismo lenguaje que yo; sería como hallar un trozo de mí, de mi identidad.

Es curioso, pero iba avanzando como por un bosque en el que me sentí como una luciérnaga a la que querían cazar seres depredadores para que yo les iluminara su camino. En un principio pensé que era maravilloso que por fin alguien me viera y poder ser útil; con el tiempo me di cuenta de que se menguaba mi energía, entonces empecé a volar más alto, a esconderme, mi luz se apagó, y entonces la oscuridad me abrazó y fue mi refugio. Me decía a mí misma que era como una bombilla fundida, rota, que ya no podía iluminar más. Pero ante esa oscuridad que tiempo atrás me daba escalofríos, empecé a ver que no era todo negro, que las sombras estaban iluminadas, que no había una ausencia total de luz. Comprendí que no hay oscuridad si no hay luz, y que la luz también habita con la oscuridad. Hay tantas cosas que me enseñó esa travesía, en la que me sentía como pirata en un barco, cruzando un mar de tormento, intentando divisar un faro que iluminara mi trayecto para encontrar ese preciado tesoro. Entre esas aguas saladas de mis lágrimas empecé a encontrar respuestas; no era una bombilla fundida, era una bombilla sucia, con un montón de capas de polvo del tiempo, como una lámpara a la que no se le ha cuidado y empieza a acumular suciedad.




Llegué a una orilla, siendo alguien totalmente distinta a aquella criatura asustada, derrotada y perdida. Las respuestas las obtuve; habitaban dormidas en mi interior, al igual que una crisálida da a una mariposa y esta empieza a revolotear; empezaron a brotar de mí. Una luz cegadora se abría paso desde mi interior y con ella tanta sabiduría. Hay una carta en el tarot que es El Ermitaño; está representada por alguien que se aisló del mundo, que hizo un largo camino y que se encuentra por encima de las montañas; estas representan los obstáculos que ha tenido que atravesar. Tras ese largo periodo aislado donde reflexiona sobre el caos que dejó atrás, se encuentra consigo mismo en un acto llamado introspección. Encuentra su propia luz, y no necesita que nadie le ilumine el camino; él solo tiene la luz necesaria y el poder para poder continuar su vida. Hay sabiduría en su interior, fortaleza; no se siente solo. Así me sentí yo tras un tiempo de oscuridad y desconexión; todo ese caos me llevó al lugar o al estado que estaba buscando sin saber concretamente qué era esto; lo buscaba y estaba dentro de mí y nos encontramos justo en el momento indicado. En mi interior la luz lo inundaba todo; necesitaba su complementario, la oscuridad, para encontrarme con ella. Yo no sabía que existía un sol lleno de vitalidad en mí, pero supongo que mi optimismo y fortaleza para continuar eran más fuertes que las sombras y los sinsabores de la vida que me agarraban con sus cadenas. Y eso fue lo que me ayudó a atravesar montañas, mares revueltos de lágrimas, días tormentosos, noches oscuras.

Recuerdo un día donde las cadenas apretaban más; me cuestionaba entre sollozos por qué no había nadie que iluminara mi vida, que me diera luz, calor, que me ayudara a liberarme de este estado, de estas cadenas. De mi interior brotó una voz angelical que me dijo que no buscara esa luz, no la encontraría en los demás, pues esa luz estaba en mi interior; yo era como un faro de luz, no solo para mí, sino también para los demás, para quien lo necesitara, para aquellos que buscan una luz para encontrar su camino de regreso, de sentido, de pertenencia. Una luz que iluminara los días oscuros y tormentosos en los que todo carece de sentido. Yo no encontraría esa luz; sería esa luz portadora. Quizás se me lanzó mi propósito desde mi interior, pero tuve que pasar por muchas travesías y cruzar bosques para comprender aquellas palabras. Ahora tienen sentido.

Deje de ser invisible para mí y para aquellos que tienen en su mirada el deseo que yo anhelaba; sus ojos vidriosos son el tintineo de las estrellas que siempre han guiado a la humanidad. Ellos tienen el don de poder percibir lo que parece invisible u oculto bajo esta luz; es su superpoder. Solo en esas condiciones podremos vernos, y entonces desplegar aquella luz que habita en mí y, como me susurró aquella voz: "Tú eres la luz que lo iluminará a ellos como te hubiera gustado que te iluminaran a ti". Cumpliré mi cometido, ayudaré a reencontrarse con todo el potencial de energía y luz que llevan dentro de ellos y que la oscuridad envuelve. Y dejarán de sentirse como esa criatura atormentada, para convertirse en el sol que ilumine sus días, y al caer la noche, en las luciérnagas que desplieguen su luz mezclándose con los destellos de las estrellas.

Ahora lo entiendo todo: romperte para arreglarte y poder así arreglar otras vidas o ser su consuelo, de una manera que no drena la energía, sino que la amplifica. Sentirte invisible e incomprendida en este mundo o bajo ese espectro visible que nuestros ojos pueden percibir, para darte cuenta de que solo te ven aquellos que conectan con tu frecuencia, la que abre los ojos del alma y hace que pueda ver en ti tu potencial, tu esencia. Y que mi luz siempre residió en mí, y al igual que el astro rey, fue eclipsada por una dama atormentada, la luna, con emociones enmarañadas en cada cráter de su ser.

Ahora la noche convive con la oscuridad, con la luz de las estrellas y la mía propia, y me da una sensación de paz; me siento alienada con el universo. Sé que soy un faro de luz en la más alta montaña que ilumina los mares de lágrimas de alguna alma atormentada a la que guiaré, o de alguna criatura que busca refugio. Ser ese canal, o el puente alumbrado transitorio donde nace la mejor versión de ti, la que se ha enfrentado a las sombras y que ahora brilla con luz propia, auténtica, radiante. Y sé que soy muchas más cosas, porque la oscuridad me ha llevado a encontrarme con todos mis poderes ocultos, contemplarlos y sacarlos a la luz de donde nace la senda de la vida que siempre soñé, la que estaba escrita en las estrellas de las noches oscuras que acompañaron mi alma a evolucionar.

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