miércoles, 7 de octubre de 2026

Goteras en el alma

Otra vez tu mirada mojada que contiene un mar de tristeza. Es como un vaso de cristal lleno de agua en el borde de una mesa a punto de caer al abismo y romperse, esparciéndose en mil trozos. Tus lágrimas caen como las gotas del cielo embravecido en una noche de tormenta, impactando en un terreno árido. Son transparentes, cuentan toda una historia real con rayos producidos por las sacudidas de tu alma. No puedes resguardarte; ese techo tiene goteras; parecía tan perfecto.

Esa maldita sensación, otra vez más, que se extiende en tu pecho, el sentir que estás en tierra de nadie, que no hay caricias que puedan recomponer cada trozo de ti y, si alguna vez las hubo, quedan tan lejanas. Hay un silencio estruendoso al que te has malacostumbrado, uno que te hace crujir las costillas en cada respirar. Nunca la noche fue tan oscura. Y tú, criatura, resistes como las rocas del mar a la abrasión de aquellos demonios que quieren convertirte en arena, para arrastrarte a las profundidades de su océano oscuro. No lo permitas nunca, aunque por ello te veas atrapada en una red.

Otra vez tu boca caliente queriendo estallar, y escupir el magma de este volcán interior, de esta hoguera emocional que te quema y te consume: los minutos, los días, los instantes, los recuerdos. 

Ahoga, asfixia, tortura. Te resquebraja el interior como en un terremoto. Te encuentro completamente en ruinas. Algunos no son merecedores de tu verdad, aunque yo la conozca y vea cómo se debate en duelo lo bueno con lo malo. Te hunden estas arenas movedizas donde nunca sabes dónde pisar, dónde descansar. El abismo vive en tu interior y ¿cómo huir de él si llevas toda la vida corriendo para librarte de que te atrape?



Otra vez escuchas la llamada desde dentro; tu fuerza interior ruge, con hambre, con impotencia, queriendo devorarlo todo antes de que te devoren a ti los depredadores que amenazan con sus garras agujereando tu guarida. Ya no hay refugio ni dentro ni afuera. Y tú, criatura, quisieras ser un huracán para arrasarlo todo. Para ser los escombros de una vida hostil que te ha llenado la mirada de tormenta.

¿Quién apagó la magia de tu mirada? Desalojó la luz y, entre el abismo, tus lágrimas suicidas se precipitan al vacío de esa nada que lo cubre todo con una capa espesa. Tus ojos de incertidumbre siguen teniendo intensidad, aunque alrededor todo inerte carece de sentido. Hay algo vivo en ti, porque la nada lo es todo. Y todo es creación, y tú, criatura, tienes el fuego en la mirada, el viento para elevarte; ese que te recuerda que sigues respirando. Porque aunque estés rota en mil pedazos e inundada por emociones que te ahogan, eres el chispazo del cambio.

La humedad te rodea; las goteras en tu alma han calado cada recoveco de tu ser. Pero ojalá que todo termine. Ojalá que por los agujeros de esas goteras se cuele el cielo estrellado, y puedas volver a soñar, y que un día la noche eterna y oscura muera, como todo lo que te llevó a ser tierra mojada. Ojalá la calidez se filtre por cada herida y llegue a esas grietas que viven en tu alma y conozcas, por fin, la luz. Criatura hermosa.

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