martes, 12 de mayo de 2026

Origen

Creo que todos venimos a este mundo con un mapa grabado en nuestra alma, donde reside nuestra esencia. También creo que, al igual que venimos con un mapa lleno de rutas, senderos que podemos o no transitar, hay paradas obligatorias, algunas de enseñanzas, otras de goce que nos energizan. Las primeras quizás son menos placenteras, pero serán las que nos den las herramientas y tejan una parte sustancial de nuestra personalidad. En ellas podremos mirarnos como lo que somos, desnudos, sin armaduras, puros, naturales, sin adornos. Donde ir hacia dentro, navegando por la introspección en un lago que es nuestro hogar y donde se encuentra el tesoro escondido, que un día perdimos de vista. En él se encuentra el mapa de quiénes somos, nuestra esencia. Creo que tenemos un propósito y que a lo largo de nuestra vida tenemos la misión de descubrirlo, pero para ello, tenemos que descubrinos primero a nosotros mismos. Es la manera de hallarlo, de iniciar el viaje al origen.

Creo que el juego de la vida, que puede desorientarte como una noria que da vueltas y vueltas y que a algunos pone la vida patas arriba, a otros les crea miedo, otros deciden abandonar, no quieren correr ese riesgo o se han cansado de ello y otros saben apreciarlo y lo llegan a disfrutar; la clave está en continuar, en no dejarse abatir, que aunque tu vida ruede y ruede, vayas avanzando, descubriendo la belleza que se encuentra en todas partes, a veces muy escondida; a veces es una cuestión de actitud, o de las lentes que te pongas para mirarla. Todo en la vida está para algo; lo difícil es descubrir el porqué. A veces hay respuestas que llegan con los años, pero todo está conectado. La vida es un círculo perfecto, ¿O quizás un círculo dibujado por un niño, que no es redondo del todo y que tiene imperfecciones y curvas abolladas, pero que sin duda empieza y acaba conectado?

¿Recuerdas al niño que fuiste? ¿Qué te gustaba? ¿Qué te ilusionaba? ¿Con qué disfrutabas? ¿Qué cosas hacías o decías con toda la inocencia, sin ser consciente? Ahí se encontraba tu pureza; estaba escrito en tu alma. Quizás no lo recuerdes y lo hayas olvidado. Pues como un truco de magia, parece que desaparece, pero es solo un truco.  De niños admiramos a las personas que nos rodean, o aquellas cosas que hacen cantar a nuestra alma. Quizás queremos ser como ellos, quizás es solo la trampa para perdernos, y puede que en efecto sea así. Pues entonces es cuando se corrompe nuestra conexión con la esencia, cuando se efectúa el truco de magia, cuando nos olvidamos de nosotros mismos para ser quienes los otros quieren que seamos, o que vivamos lo que ellos querían vivir en su proyecto personal; a veces esto ocurre de manera inconsciente. Es el arte de moldear; nuestro entorno, junto con las personas que nos rodean, nos van moldeando, nos van alejando de nuestra ruta, o nos meten por senderos que no son nuestros, son de ellos, quizás de ese niño asustado que habita en ellos. Pero todos los caminos llevan a Roma, como dicen; el perdernos es parte del juego también. Aunque siempre sabemos hacia dónde ir, al igual que los gatos, tenemos como una especie de brújula que nos orienta el camino con un sonido que se escucha en el pecho: "bum-bum". El corazón no engaña, la mente sí, y esta última nos seduce siempre. 

Nos moldean, permitimos que nos rompan, creamos con nuestra mente e ilusiones espejismos y se nos olvida las preguntas esenciales: ¿Quién soy? ¿Hacia dónde quiero ir? ¿Cuál es mi propósito? Y a ese niño su sonrisa empieza a estar atrapada por unas nubes que lo cubren todo, y a veces anuncia lluvia. A veces vienen acompañadas de tormenta, de rayos, creando las primeras heridas, las más difíciles, las que nunca se olvidan; algunas se cierran, pero sus cicatrices permanecen para recordarnos que en algún momento eso nos dolió. Dicen que hay que aprender a bailar bajo la lluvia; de igual modo, debemos aprender, conocer, aceptar nuestras heridas, el trauma que estas nos generaron. Pues nuestra manera de relacionarnos va ligada con ellas. Caminos empedrados que hacen difícil la ruta, pero que no te asusten las piedras; sé resistente como ellas.

Quizás seamos como los juegos que nos acompañaron en nuestra infancia, un rompecabezas, un puzzle, bloques de construcción, que hay que armar, construyendo algo que da sentido a quien somos. Nos rompen, nos desintegran; sin darnos cuenta, perdemos las riendas de nuestra vida, de quien somos, para transformarnos en ellos a quienes admiramos sin un criterio propio, por el mero hecho de absurdas modas o por convencernos de que es lo que necesitamos. Y entonces nos perdemos un poco más, bajamos más abajo al túnel, a un pozo que hemos ido construyendo sin darnos cuenta a lo largo de los años. Y de pronto es cuando más perdidos estamos, pero más cerca estamos de encontrarnos, de recomponer el puzzle con todas las piezas para volver a ser unidad. 

Y como una secuencia, nacemos con nuestra esencia, con el mapa de rutas y entresijos; no somos conscientes de ello. Cuando empezamos a ser conscientes de quiénes somos, somos el personaje que hemos permitido que moldeen los demás; nos perdemos, nos rompemos, para llegar a la final de la secuencia, el despertar, el recordar quiénes somos, para reconstruir lo que fuimos, para volver al origen, donde residen todas las respuestas que siempre estuvieron a nuestro alcance.



Y un día, mareado por las vueltas que hemos dado en esa noria, llamada sobrevivir, cansado de la oscuridad de ese pozo en el que te encuentras, y  quieres abandonar. Y dependiendo de si has sabido aprovechar los recursos de esas paradas, tanto las buenas como las malas, ya que la combinación de ellas es el impulso para poder salir de ese lugar oscuro, que no es otro que donde se ha refugiado el niño que eres, aquel que disfrutaba de ese sol que coloreaba su mundo. Es el momento de mirar hacia dentro, de rescatar al niño que fuiste, en el que está la esencia de tu vida; él es el tesoro que contiene el mapa. Para acceder tan solo necesitas abrir esa puerta acorazada; la llave siempre estuvo en ti, perdida, pero en ti. Te asustaban los monstruos que protegían ese lugar, pero fueron creados por ti mismo mediante emociones, palabras y hechos donde la fuente no eras tú, era algo ajeno a ti que te fue transmitido y lo diste por cierto. No temas, con amor desaparecen; hazles caricias, cosquillas, y verás cómo el ejército de monstruos desaparece como las nubes oscuras.

Introduces la llave con la mano temblorosa, y escuchas el clack, y algo en ti hace click, y entonces empiezas a recordar, comienzan a brotar las primeras respuestas de hacia dónde vas, quién eres, cuál es tu propósito o al menos intuyes algo. Empiezas a sentirte en sintonía con quien eres, a bailar con la vida. A recobrar las riendas de tu vida. Empiezas a mirarte de otra manera, y del mismo modo a los demás, al mundo, sin juicios.

Comprendes que, aunque de niño como de adulto admiramos a los demás, y veíamos solo una parte, quizás la que más nos interesaba o aquellas que eran más bonitas, al igual como si fuera el lado visible de la luna, sin querer ver en la vida que todo se compone de dualidad y que hay una parte no tan iluminada, ellos también son vulnerables, al igual que tú. ¿No te has replanteado que quizás todas esas cosas que te gustaban de los demás resonaban contigo porque viven dormidas en ti? Porque quizás esas personas no se den cuenta de su poder, de ese don, de esas cualidades que admiramos de ellos, pero ellos a veces no se reconocen así y tú ves esa belleza, porque estás conectando con esa frecuencia, y ellos algún día descubrirán en el mundo de las sombras aquello que les hace bellos al igual que tú.

Si algo me parece bello de la humanidad es la belleza de la vulnerabilidad, porque en ella somos realmente nosotros, podemos ver el mapa del alma de la otra persona y, si lo observas con amor, es como ver y sentir un atardecer y poder acariciar el sol, sentir gratitud con el universo, recobrar el sentido de la existencia. Descubrir quiénes somos, quiénes son los otros, mimar nuestras heridas. Aceptar la vulnerabilidad, te lleva a un viaje a las entrañas del universo, a una exaltación, frenesí, que te conecta con el todo. Y el todo parte del origen, al igual que termina allí.

Y es que en el origen están todas nuestras respuestas, de quiénes somos; porque si miras atrás y recuerdas todo aquello que el niño que fuiste y habita en ti, vivió, creó, te darás cuenta de que, de un modo u otro, has terminado trazando el camino que el dibujo, que soñó, que anheló. Que tus pasos de manera inconsciente te han llevado ahí, en este preciso momento, en que una parte de ti sonríe. Estás caminando sobre el mapa de tu alma, que de lejos parece un círculo imperfecto dibujado por el niño que fuiste. Y todo tiene conexión, sentido, y empiezas a sentir la brisa de la calma, de la paz, que va recorriendo cada uno de los canales por los que circulan tus nervios. Ya no caminas solo, caminas de la mano de ese chiquillo que fuiste; os sentís protegidos el uno con el otro.

Por mí, por todas las versiones que han coexistido en mí, por esa niña que siempre fui, a la que le debo lo que soy ahora. Porque si me encuentro perdida, sé que el camino al hogar está en ella, en ese mundo que inconscientemente dibujo para que yo lo coloreara. Y ahora sé que todas las respuestas a las preguntas que me he planteado a lo largo de mi existencia residen en lo que un día viví y olvidé; pero que estoy en vías de exploración en este viaje fascinante llamado origen.

martes, 5 de mayo de 2026

¿Dónde está el amor que embriaga el alma? 💖

¿Dónde está el amor que embriaga el alma? Aquel que te reconstruye, que es refugio, que es calidez. Que rompe como las olas del mar chocan contra las rocas y se llevan los resquicios de un antiguo yo, llenas de viejas estructuras y creencias. 

Puede que ese amor no exista en este mundo gris y cotidiano, lleno de cenizas, aunque un eco de mi alma lo recuerde y quiera entregarse a arder y ser llama de este incendio de emociones provocadas por una fuerza poderosa entre tú y yo que contiene el universo y a la que llaman amor.

Nos pasamos toda nuestra vida buscando el amor, en un lado y en otro, en gente que va y viene y a veces se siente como un vidrio frío muy superficial a la hora de tocarlo e incluso de alcanzarlo. Lo buscamos en gestos pequeños que nos sacan sonrisas, como en un atardecer, el ronroneo de un gato, la lluvia al caer, un rayo de sol que intercede los vértices de nuestra piel; pequeños placeres que nos ofrece la naturaleza, toda ella llena de amor.  

Pero aun así no es suficiente. Anhelamos un amor bidireccional. A veces, por querer encajar y sentirnos parte de algo, nos quedamos con lo destructivo y abusivo de un amor barato, fallándote a ti misma, conformándote con unas migajas; tú, que estás hecha de amor y este reside en ti, te has olvidado de tu amor propio. De joven deseas un amor que te rescate del amor que no te han dado otros (ni tú misma), que te sane las heridas, heridas que te toca aprender a sanar con el desamor y la madurez, que se convierte en amor por una misma. Y empiezas a entender que no eras aquel personaje, y empiezas a buscar quién eres, tu ser, tu autenticidad. 

Existe la ley de la dualidad, donde todo el universo tiene dos polos opuestos o complementarios; para que exista uno, debe existir el otro; uno solo no podría existir como tal, necesita del otro. Y ambos tienen la misma raíz; solo lo manifiestan en diferentes grados. Dicho esto, aunque te des todo el amor propio, aunque te embriagues de él y lo encuentres en la naturaleza que te rodea, necesitas de otro para poder crecer; tu alma busca calmar la sed en la fuente de otro ser. Necesitas expandirte con emociones evocadas por otro ser que anhela lo mismo en ti.                                        

¿Dónde está el amor que te eleva? Con el que no te sientes nunca sola, aunque el silencio reine. Que es ternura, entendimiento, admiración mutua. Que te hace crecer como la hierba a la luz del sol.

He llegado a pensar que tal vez el amor más profundo, el que es incondicional, es el amor de un hijo. Ese ser que crece dentro de ti, y que es una parte o prolongación más de ti; debe de serlo, puedo sentirlo, aunque no lo haya experimentado. Quizás el amor más puro de los que hay. Porque existen muchas clases de amores, y yo estoy buscando a uno en concreto para que dé resultado el anterior. Uno con el que conectar con toda la intensidad, profundidad y misterio que se encuentra en el universo, donde perderse no sea motivo de preocupación, sino de aventura.

Quizás solo exista en las historias de los libros, historias escritas por almas inquietas como la mía que, ante su desazón, proyecten ese amor que inspira a salir a buscar. Quizás solo lo experimente así. Pero dentro de mí, en lo más profundo de mi ser, sé que existe; lo puedo notar, tiene que estar escondido por alguna parte. 

Me gustaría experimentar en esta vida alguna vez, aunque solo fueran 5 segundos, ese amor que te atrapa. Alguien que pueda leer mi alma, que nuestros corazones marquen el ritmo de una partitura, de nuestra canción, única en este universo. 

Que pueda reconocer el tacto de sus labios, y sea la droga que me cree acción y me deje flotando en el mundo de los sueños como una nube. Que su respiración sea una danza que baila contra mi pecho. Un amor, lleno de emociones que explota como el Big Bang; nuestra historia, una galaxia; él y yo orbitando juntos, surcando el espacio como dos cometas. Que esta vez mis lágrimas sean una lluvia de estrellas formando un manto donde posarnos y, entre caricias, esparcir el polvo mágico entre nuestros cuerpos.   

                                                                             


                                                      

El amor que te embriaga el alma es un amor con luz, con sentido, con propósito; es calma, es risa, es refugio, es sanación, es ligereza, es pasión. El amor que embriaga el alma tiene de ingredientes en su receta dos seres que hablan el mismo lenguaje del alma, que entienden y saben descifrar el mapa del otro. Y es cuando todo empieza a recobrar sentido: la luz es más intensa, las sombras de la oscuridad dejan de asustarnos, los colores son más vívidos. Un amor que es realidad, que se puede tocar, experimentarlo en todos sus matices y formas.           

Quizás un día lo encuentre, lo alcance; mientras tanto, sentiré en lo más profundo de mí que hay algo más, que mi alma está en constante expansión como el universo, buscando atraer y chocarse contra un cuerpo que contiene la misma inquietud, curiosidad y hambre que una servidora. Lo soñaré, lo manifestaré, y si no es en esta vida, en otra nos encontraremos, porque estamos hechos de la misma materia que el universo, de un amor embriagador.                                                                                                                                                                                                                             

martes, 28 de abril de 2026

Serpiente 🐍

Surcado el vaivén del tiempo, buscando un poco el cálido calor del amor, quizás, ¿qué digo quizás?, buscando el amor. Me he quedado mucho tiempo en un sitio en el que mi sangre se ha congelado y no me permite vivir. No es solo mi sangre helada, es el lugar, oscuro y frío, es el veneno que llevo dentro y mi lengua queriéndose liberar. Sabes que no atacaría, solo si me encuentro en peligro y así me siento, pero hace tanto que ya no recuerdo quién soy. 

Sigo reptando para buscar la salida, una fuente de calor, que me llene de las respuestas que tanto deseo y de la libertad. Lo de la cautividad fue tu juego, tenerme de mascota. Sentir la distancia entre tú y yo, entre ese puto cristal donde me observas, donde dejaste que olvidara cuál era mi esencia. ¿Qué fue lo que te enamoró de mí? ¿La tentación de mi tacto enredado en tu piel? ¿La belleza de mis ojos misteriosos? ¿O quizás, ser una criatura fascinante a la que poder hipnotizar?

Ahora ya no me importa; quiero escapar, ser yo misma, seguir mi camino. Necesito calor o terminaré muriéndome. Al igual que desprenderme de esta vieja piel, que me aprieta, que me hace daño. Hace tiempo que se me quedó pequeña; he crecido, he evolucionado, mientras tú sigues mirándome y no haces nada. Ya no soy tu pequeña. Quiero, ¿qué digo quiero?, necesito con urgencia desprenderme de esta piel llena de parásitos y de heridas que quiero sanar. También de la tuya, no más caricias llenas de una mezcla de hielo y cariño en dosis pequeñas, pero letales.

Soy una serpiente, soy salvaje, libre; esa es mi naturaleza. No intentes de nuevo hipnotizarme con esa música que sale de tus labios, porque no quiero estar más a la defensiva, no quiero que este veneno me mate, no quiero estar más en esta jaula de cristal. Porque siento que soy yo la que se estrangula a sí misma, mientras tú me observas, pero no me cuidas. Me aprieta, me duele, no quiero que sigas jugando conmigo como si fuera un juego, ese que tantas veces jugabas de niño en tu Nokia y que ahora de mayor, por no haber sanado, lo sigues haciendo conmigo.

Sigo surcando, buscando un ambiente más cálido, más seguro, donde comprendan la naturaleza de mi alma, con mis luces, mis sombras, donde vivir mi esencia. No intentes atraparme; no quiero que, como el Principito, ser la serpiente que se comió al elefante. ¿Qué te impide ver mi sufrimiento? Acaso el tuyo propio. 

Déjame ser simplemente yo misma; ha llegado la hora de transformarme y cuidarme, esa palabra que te quedó muy grande, al igual que yo. 



sábado, 2 de abril de 2016

Locura de caos

Que hay de hermoso entre esa locura de caos que no coordinan ni la mente, ni el alma, ni ese viejo cansado llamado corazón. Me sobra la fría oscuridad de la soledad, y me falta tú-cariño. Maldita sea el amor que te ha tenido que cegar, no ves la realidad, mi detestable realidad de la que quiero huir. Hay cosas que no se puede explicar con palabras, tan solo entender con miradas y ver mas allá del color de esos ojos verdes.

No es fácil lidiar con esa malditas batallas internas que te van matando por dentro lentamente. Dudas que golpean una y otra vez y se convierten en una pesadilla constante. Secretos ocultos que descubres por error, que te matan lentamente, de los que hubieras preferido no conocer ese lado oscuro, tan intimo de personas que lo eran todo. A veces es mejor vivir el la ignorancia y mantener esa inocencia de recuerdos intactos, aunque sabes que todo cambio y nada es lo mismo. En esta vida algunos juegan a ser actores con mascaras, que te engañan con amor barato.

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